Datos personales

Mi foto
Aguascalientes, Aguascalientes, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

Reconstruyendo

Photobucket

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

Xoxo

Entradas populares en los últimos 30 días

miércoles, 8 de agosto de 2007

...y los Julios continúan en este agosto

Conciertos desconcertantes

Los adultos y los niños están de acuerdo sobre cualquier cosa en Silvalandia, pero en materia de música tienden a hacerse una idea bastante diferente. Como hasta ahora los adultos parecen ser los únicos en haberse dado cuenta de esto, las cosas siguen adelante sin mayor inconveniente y es así que el Gran Gaitero se instala los jueves en la plaza, asistido por el guacamayo Filiberto que tiene a su cargo el suministro de aire para la gaita.

El hecho de que Filiberto se disfrace de manera tan ingeniosa que pocos llegan a advertir dónde tiene la cabeza y dónde la cola, no cambia la gravedad de ciertas observaciones oculares que los adultos han llevado a cabo y que los consterna considerablemente. Por su parte, armado de la gaita cuadrada que proviene de remotísimos tiempos, el Gran Gaitero toca variadas melodías que los niños corean entusiasmados. En Silvalandia la música es muy simple, y cualquiera puede cantarla utilizando palabras que brotan espontáneamente de los sucesos del día o las lecciones de la escuela. A veces a algún niño se le escapa una mala palabra, que son siempre las más espontáneas, y el Gran Gaitero se queda sin aire durante varios compases porque el guacamayo Filiberto es incapaz de resistir a las convulsiones de risa que tanta espontaneidad le provoca; pero ha habido otros casos en que la afluencia de aire ha sido tan intensa en esas circunstancias, que el Gran Gaitero ha tenido que sacar todos los dedos de los orificios para que la venerable gaita no se convirtiera en un montón de pelusas.

Durante estas amenas recreaciones, la lombriz Corina se dedica a evolucionar con gran vivacidad en torno a los músicos; faltaríamos a la verdad si no dijéramos que es ésta una de las cosas que más preocupan a los adultos, pero no abundaremos en detalles


Preparativos de salida

Los Ontok llegan tarde a todas partes, aunque eso sí con el pescado Ricardo. Los Ontok estarán llenos de defectos pero hasta ahora no se sabe de ninguna reunión a la cual hayan llegado temprano y sin el pescado. Una cosa hace olvidar la otra, por lo menos en Silvalandia.

Algo que no podrá decirse es que el Ontok no hace todos los esfuerzos posibles para que la familia llegue a tiempo. Se trepa al cochecito donde ya ha instalado a la Ontoka, y con gran determinación le ordena que arranque, mientras el Ontokito presenta el pescado Ricardo como prueba de que todas las disposiciones han sido tomadas por la familia.

—¡Arre, rápido! —grita el Ontok.

Ftak—, —dice la Ontoka, a la que jamás se le ha oído otra cosa.

—Es lo de siempre, so pretexto de que está dentro del cochecito se niega a propulsarlo —brama el Ontok—. Ahora vamos a llegar tarde, se habrán comido las mejores cosas y nos perderemos las adivinanzas, las luces de bengala y las sillas musicales. ¡Arre, arre!

—Deberíamos apurarnos —dice el Ontokito—, me parece que a Ricardo le empieza a faltar el agua, lo noto levemente crispado.

El Ontok se agita con vehemencia en el pescante, y hasta elogia el sombrero de la Ontoka para animarla, pero ftak, dice la Ontoka; es seguro que llegarán tarde, y para peor en taxi.



Reconciliación tardía

—Soy una esfinge.

Ja ja.

—Bueno, parezco una esfinge, y además soy malísima.

—Yo soy el hermanito de alguien que usted no conoce, y es mentira que me llame Guillermo.

—?

—Vengo porque en la otra cuadra dicen que usted no parece una esfinge, y que se pone furiosa cuando alguien se lo dice.

—?

—Y otra cosa: ¿Cuál es el animal que por la mañana anda a cuatro patas, a mediodía en dos y al anochecer en tres?

—Bueno, yo solamente ando en una y eso es un buen argumento para negarme a responder a preguntas tan llenas de patas.

—Usted es simpática. Le voy a decir la verdad: me llamo Guillermo.

—Yo soy una esfinge.

—Es increíble cómo nos entendemos, ¿verdad, esfinge?

Hm.

—No seas mala, vamos a jugar.

—Bueno, pero no me hagas más preguntas, no estoy acostumbrada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Deja que caigan más cerezas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...