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martes, 30 de octubre de 2007

Para terminar con Octubre

bajo la luna de sangre, en el adormecido campo de las amapolas, dejo dos poemas más de la Plath

Regalo de cumpleaños

¿Qué es eso que hay detrás del velo? ¿es feo, es bonito?
Lanza destellos ¿Tiene pechos? ¿Tiene bordes?
Seguro que es algo único, justo lo que deseo
Cuando estoy cocinando en silencio, noto su mirada, noto su pensamiento:
“ ¿Es ésta ante quien he de aparecer?
“¿Es ella la elegida, la de orejas negras y la cicatriz?
“¿Está sopesando la harina, quitando lo que sobra,
“cumpliendo reglas, reglas, reglas.
“¿Es ésta la destinataria de la anunciación?
“¡Dios, qué risa!
Pero lanza destellos sin parar, y creo que me desea.
No me importaría que fuesen huesos, o un broche de perlas.
No quiero un regalo grande, este año, de todas maneras.
Al fin y al cabo, estoy viva por casualidad.
Aquella vez sí que me habría matado alegremente, de un modo u otro.
Ahora están los velos, que lanzan destellos como cortinas:
las satenes diáfanos de una ventana de enero,
blanca como ropa de cuna y brillante de aliento mortal. ¡Oh marfil!
Seré un colmillo, una columna fantasmal.

¿No comprendes que me da igual lo que sea?
¿Por qué no me lo entregas de una vez?
No te avergüences: me da igual que sea pequeño.
No seas mezquino: estoy preparada para la enormidad.
Sentémonos a su vera, uno a cada lado, admirando el fulgor;
el esmalte, su espejeante variedad.

Hagamos junto a él nuestra última cena, igual que un plato de hospital.
Sé por qué no acabas de entregármelo:
estás aterrorizado
de que el mundo explote en un solo chillido, y con el tú cabeza,
repujada de bronce, escudo antiguo,
una maravilla para tus biznietos.
No te asustes, que no es así.
Me limitaré a tomarlo y apartarme en silencio.
Ni siquiera me oirás abrirlo: no crujirá el papel,
las cintas no caerán, no habrá gritos al final.
Creo que no me reconoces tamaña discreción.
Si supieras, al menos, de qué modo los velos me mataban los días.
Para ti no son más que transparencias, aire puro.
Pero, por dios, las nubes con como algodón.
Un ejército de ellas. son monóxido de carbono.
Dulce, dulcemente tomo aire,
llenándome las venas de cosas invisibles, del millón
de probables motas que me sacuden los años de encima.
Y tú vienes de perlas para la ocasión ¡Oh máquina de sumar!...
¿Te es imposible dejar que las cosas sigan su curso hasta el final?
¿Tienes que estampar en púrpura cada pieza?
¿tienes que matar todo lo que puedes?
Hay una cosa que deseo hoy, y tú eres el único que puede dármela.
Está junto a mi ventana, tan grande como el cielo.
Respira desde mis sábanas, el frío punto muerto
donde las vidas derramadas se coagulan y se ponen rígidas
para tocarse en historia.
Que no venga por correo, dedo a dedo.
Que no venga de boca en boca, porque me darían los sesenta años
antes de que se me entregara por completo – y estaría demasiado
atontada para usarlo.
Basta con que retires el velo, el velo, el velo.
Si fuese la muerte
admitiría su profunda gravedad, sus ojos intemporales
Sabría que ibas en serio.
Habría, en tal caso, cierta nobleza; habría cumpleaños.
Y el cuchillo no se limitaría a cortar; penetraría
puro y limpio como el vagido de un niño,
y el universo se me desgajaría del costado





A Birthday Present

What is this, behind this veil, is it ugly, is it beautiful?
It is shimmering, has it breasts, has it edges?
I am sure it is unique, I am sure it is what I want.
When I am quiet at my cooking I feel it looking, I feel it thinking
'Is this the one I am too appear for,
Is this the elect one, the one with black eye-pits and a scar?

Measuring the flour, cutting off the surplus,
Adhering to rules, to rules, to rules.
Is this the one for the annunciation?
My god, what a laugh!'
But it shimmers, it does not stop, and I think it wants me.
I would not mind if it were bones, or a pearl button.
I do not want much of a present, anyway, this year.
After all I am alive only by accident.
I would have killed myself gladly that time any possible way.
Now there are these veils, shimmering like curtains,
The diaphanous satins of a January window
White as babies' bedding and glittering with dead breath. O ivory!
It must be a tusk there, a ghost column.
Can you not see I do not mind what it is.
Can you not give it to me?
Do not be ashamed--I do not mind if it is small.
Do not be mean, I am ready for enormity.
Let us sit down to it, one on either side, admiring the gleam,
The glaze, the mirrory variety of it.
Let us eat our last supper at it, like a hospital plate.
I know why you will not give it to me,
You are terrified
The world will go up in a shriek, and your head with it,
Bossed, brazen, an antique shield,
A marvel to your great-grandchildren.
Do not be afraid, it is not so.
I will only take it and go aside quietly.
You will not even hear me opening it, no paper crackle,
No falling ribbons, no scream at the end.
I do not think you credit me with this discretion.
If you only knew how the veils were killing my days.
To you they are only transparencies, clear air.
But my god, the clouds are like cotton.
Armies of them. They are carbon monoxide.
Sweetly, sweetly I breathe in,
Filling my veins with invisibles, with the million
Probable motes that tick the years off my life.
You are silver-suited for the occasion. O adding machine-----
Is it impossible for you to let something go and have it go whole?
Must you stamp each piece purple,
Must you kill what you can?
There is one thing I want today, and only you can give it to me.
It stands at my window, big as the sky.
It breathes from my sheets, the cold dead center
Where split lives congeal and stiffen to history.
Let it not come by the mail, finger by finger.
Let it not come by word of mouth, I should be sixty
By the time the whole of it was delivered, and to numb to use it.
Only let down the veil, the veil, the veil.
If it were death
I would admire the deep gravity of it, its timeless eyes.
I would know you were serious.
There would be a nobility then, there would be a birthday.
And the knife not carve, but enter
Pure and clean as the cry of a baby,
And the universe slide from my side.

Poppies in October

Even the sun-clouds this morning cannot manage such skirts.
Nor the woman in the ambulance
Whose red heart blooms through her coat so astoundingly --

A gift, a love gift
Utterly unasked for
By a sky

Palely and flamily
Igniting its carbon monoxides, by eyes
Dulled to a halt under bowlers.

O my God, what am I
That these late mouths should cry open
In a forest of frost, in a dawn of cornflowers.


Y si así termina un octubre ¿habrá un julio? ¿veré más llamitas infernales?

¡Si pudiera desangrarme y dormir! —
¡Si pudiera mi boca unir a una herida así!

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