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domingo, 30 de diciembre de 2007

En el cielo sobre Berlín, alas acarician el deseo



Der Himmel über Berlin
Alemania, 1987
130 minutos
Dirección: Win Wenders
Protagonistas: Bruno Ganz (Damiel), Otto Sander (Cassiel) Solveig Dommartin (Marion), Peter Falk (como él mismo)
¿Y si el tiempo fuera la enfermedad? Como si hubiera que encorvarse para seguir viviendo. Vivir...Una mirada basta 

fotograma de Der Himmel über Berlin

En Las alas del deseo o Cielo sobre Berlín (título original), el cineasta alemán Win Wenders nos hace ángeles por un momento, mientras participamos de la experiencia de unos seres incorpóreos, quienes por sus cualidades espirituales, pueden oír el murmullo de una existencia mortal que parece repetirse sin fin, una y otra vez; siempre, los personajes del mundo material se ven movidos por las mismas pasiones que los merman o engrandecen. En determinado momento, a un ángel, Damiel, le escoce el deseo de ser parte de el repetitivo flujo de la humanidad; quiere mezclarse con la gente, sentir frío, beber café, dejar de ser mero testigo, mirar el mundo desde la tierra y obsrvar a los hombre de frente y no por encima, en vertiginoso escorzo. Por otro lado, uno de sus compañeros alados, Cassiel, se cuestiona la existencia de aquellos que ve vivir y morir bajo su resguardo, se da cuenta que ya es muy poca la protección que les brinda, si bien, a veces sus alas son caricias que consuelan, suspiros que insuflan pequeñas dosis de vida para el ahogado, se da cuenta que no es de mucha ayuda en un mundo en el que, la mayor parte del tiempo, sus habitantes hablan para sus adentros, porque solamente se reconocen en su soledad, aislándose de la interferencia que les causa la voz del otro. La gran pregunta que surge entre estos dos ángeles es: ¿Qué sucede con el hombre? y uno, espectador privilegiado, casi celestial gracias a la fantasía wenderiana y a la bella fotografía de Henri Alekan, se hace otra pregunta: ¿Será que nuestras pasiones nos consumen más que el propio tiempo? De cualquier manera, a Cassiel le importa poco consumirse con la experiencia humana, igual que Peter Falk, quien resulta ser también un desertor del cielo -¡Ya decía yo que ese hombre escondía algo, y no precisamente un huevo en el bolsillo de su vieja gabardina!- El detonador para que Damiel quiera cortarse la alas y caminar por las aceras salvajes de una ciudad resulta ser la figura de Marion, una mujer que se juega la vida en un acto de circo por las noches, que vuela igual como él solía hacerlo, aunque, para esto, ella tenga que olvidar que le faltan alas. Esta es una película muy recomendable, muy bella en imágenes y con fuertes monólogos que son guiados por un poema del austriaco Peter Handke, cuyos versos a veces son puestos en la boca de los ángeles y a veces en la de los hombres, ampliando su significado. Vale también mencionar que su sound track es de mucha calidad. 

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