Algunas veces, soy exactamente lo que odio, una perra rabiosa encegueciendo en el preciso minuto en el que tu belleza pura resplandece ...así que por eso no te conozco aún, no de la forma como el ojo conoce, pero puedo olerte...dulce amargo designio, y puedo beberte. Sabes a martini seco mezclado con la salada desproporción de la mano sangrante que sostiene la copa.
Sometimes, I'm just what I hate; a she mad dog getting blind in the exact minute when your mere beauty shines...so that's why I don't know you yet, not by the way the eye knows, but I can smell you...bitter sweet design, and I can drink you. You taste as a dry martini mixed with the salty disproportion of the bleeding hand that holds the cup.
Algunes vegades, sóc exactament alló que odio, una gossa rabiosa encegant al precís minut en què la teva bellesa pura resplendeix... així que per això no et conec fins i tot, no de la forma com l'ull coneix, però puc olorar-te... dolç amarg designi, i puc beure't. Saps a martini sec mesclat amb la salada desproporció de la mà sagnant que sosté la copa.
¿Notaron algo nuevo?
Pues sí, ahora se muestran sólo las tres últimas entradas en la página principal; esto es para parecer más mágica con el numerito (y para que no se les pasme el ordenador), pero recuerden que siempre hay la opción de ver entradas por etiquetas, así que no la desperdicien, también espero que alguien llegue a probar una de mis cerezas por mero azar al otear en busca de un tema distinto en el ciberespacio...je,je,je.
Reconstruyendo
Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que cada semana aquí les iré enlistando aquellas entradas que ya tienen de nuevo sus imágenes:
Der Himmel über Berlin
Alemania, 1987
130 minutos
Dirección: Win Wenders
Protagonistas: Bruno Ganz (Damiel), Otto Sander (Cassiel) Solveig Dommartin (Marion), Peter Falk (como él mismo)
¿Y si el tiempo fuera la enfermedad? Como si hubiera que encorvarse para seguir viviendo. Vivir...Una mirada basta
fotograma de Der Himmel über Berlin
En Las alas del deseo o Cielo sobre Berlín (título original), el cineasta alemán Win Wenders nos hace ángeles por un momento, mientras participamos de la experiencia de unos seres incorpóreos, quienes por sus cualidades espirituales, pueden oír el murmullo de una existencia mortal que parece repetirse sin fin, una y otra vez; siempre, los personajes del mundo material se ven movidos por las mismas pasiones que los merman o engrandecen.
En determinado momento, a un ángel, Damiel, le escoce el deseo de ser parte de el repetitivo flujo de la humanidad; quiere mezclarse con la gente, sentir frío, beber café, dejar de ser mero testigo, mirar el mundo desde la tierra y obsrvar a los hombre de frente y no por encima, en vertiginoso escorzo. Por otro lado, uno de sus compañeros alados, Cassiel, se cuestiona la existencia de aquellos que ve vivir y morir bajo su resguardo, se da cuenta que ya es muy poca la protección que les brinda, si bien, a veces sus alas son caricias que consuelan, suspiros que insuflan pequeñas dosis de vida para el ahogado, se da cuenta que no es de mucha ayuda en un mundo en el que, la mayor parte del tiempo, sus habitantes hablan para sus adentros, porque solamente se reconocen en su soledad, aislándose de la interferencia que les causa la voz del otro. La gran pregunta que surge entre estos dos ángeles es: ¿Qué sucede con el hombre? y uno, espectador privilegiado, casi celestial gracias a la fantasía wenderiana y a la bella fotografía de Henri Alekan, se hace otra pregunta: ¿Será que nuestras pasiones nos consumen más que el propio tiempo? De cualquier manera, a Cassiel le importa poco consumirse con la experiencia humana, igual que Peter Falk, quien resulta ser también un desertor del cielo -¡Ya decía yo que ese hombre escondía algo, y no precisamente un huevo en el bolsillo de su vieja gabardina!-
El detonador para que Damiel quiera cortarse la alas y caminar por las aceras salvajes de una ciudad resulta ser la figura de Marion, una mujer que se juega la vida en un acto de circo por las noches, que vuela igual como él solía hacerlo, aunque, para esto, ella tenga que olvidar que le faltan alas.
Esta es una película muy recomendable, muy bella en imágenes y con fuertes monólogos que son guiados por un poema del austriaco Peter Handke, cuyos versos a veces son puestos en la boca de los ángeles y a veces en la de los hombres, ampliando su significado. Vale también mencionar que su sound track es de mucha calidad.
Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para el todo estaba animado y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
August Sander, Niño nacido ciego, 1930, Die photographische Sammlung Kultur, Archiv. Colonia