y, a veces,
en la profundidad de la noche,
canta...
Sir Edward James
Sir Edward James
Enclavada en la Huasteca Potosina en lo alto de una colina, se halla una aldea que, según vestigios de petroglifos, existe desde hace 1 500 años; la etnia nativa, la teenek, la nombró Taziol, después, bajo el dominio de las huestes de Moctezuma I, se conoció como Xilitla, vocablo que tal vez provenga, como discierne el historiador Joaquín Meade, de cili-tlán (lugar de caracoles), o bien, de Xali-tlán (entre la arena), y más tarde, en 1537, recibió el nombre eclesiástico de San Agustín de la Gran Xilitla, en honor al santo que da la regla a la orden a la que pertenecía Fray Antonio de la Roa, evangelizador de la Sierra Alta, quien, junto con su grupo clerical, favoreció la construcción del edificio monástico-militar más antiguo de San Luis Potosí, sirviéndoles de resguardo contra los ataques de tribus pames. Aunque este inmueble religioso quedó semiabandonado a principios del siglo XVII, aún se conserva altivo con sus contrafuertes y sus muros almenados tras haber sufrido las luchas intestinas generadas por la belicosidad chichimeca —que, por cierto, hizo arder el fuego destruyendo todo lo que era la bóveda y, sin miramientos, vejó la sacristía—, la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910. Sin lugar a dudas, constituye un patrimonio invaluable de la arquitectura mexicana, pero este acervo no es el único que resguarda Xilitla.
Gala, James y Dalí
Con poco más de 40 años, este singular personaje se adentró en el territorio mexicano, incitado, en parte, por los paisajes y leyendas que sus amigos Günter Gerzso, Leonora Carrington, Remedios Varo y Kati Horna le habían referido; más tarde emprendió en nuestro suelo la empresa que le tomó el resto de su vida: apoyado incondicionalmente por Plutarco Gastelum, fotógrafo y empleado postal, se entregaría al afán de materializar un universo onírico de casi 50 hectáreas en la Sierra Gorda, pues, según se cuenta, una vez que nadaba en una poza de la zona, observó una nube de mariposas que cubrían el cielo, entonces, creyó que tal espectáculo era una señal para que eligiera ese paraje como su residencia permanente.
Entre una nutrida vegetación y la algarabía de las cascadas, 36 estructuras de hierro y concreto de diversas dimensiones fueron erigidas para dar vida a su edén, en lugar de las orquídeas que inicialmente plantó con el mismo objetivo, las cuales murieron a causa de una helada. Cada creación escultórica nos muestra la magia de la imaginación cuyas formas se inspiran en las obras de Giovanni Piranesi, Cornelis Escher y Antoni Gaudí. En su elaboración participaron 65 familias nativas, dirigidas por don Carmelo Muñoz Camacho y don José Aguilar.
Un paraíso en Las Pozas
Cuando Edward James murió, heredó a la familia Gastelum el conjunto de Las Pozas, pero, debido al costo que implica su mantenimiento, este año fue adquirido por la Fundación Pedro y Elena Hernández, A.C creando el Fondo Xilitla A.C, el cual invirtió 60 millones de pesos en la restauración de este patrimonio al mando de Juan Manuel Fraustro.
Se antoja un viaje en el que a la mitad del camino se reencuentre uno con su ser. Pienso que hay que ir hacia Xilitla, amén, más tesoros esconde en sus alrededores: Huichihuayán, Tambaque, Tamasopo, Tamul y el Sótano de las Golondrinas pueden ofrecer la atmósfera para pacificarnos, y si de amor se trata, Tancanhuitz de Santos es el lugar donde se dice que éste nace ¿Entre la arena o en el lugar de los caracoles podremos encontrar lo que buscamos?
Silvia Teresa Flota, Acuérdate de Xilitla, fotografía exposición multiple, 2009
Nota: los jardines de Las Pozas están abiertos diariamente de 9am a 5pm. Su acceso tiene una tarifa módica. El lugar cuenta con un restaurante pero sólo abre de miércoles a domingo.
Dejo este enlace para consultar más información: http://www.xilitla.org/







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