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jueves, 15 de enero de 2009

La ratesa bajo el árbol

Este año comienzo con lo que me dejó una de mis lecturas (relectura) de estos días pasados por lo demás difíciles para mí (navidad, año nuevo...¡puff!): Günter Grass me compartió su rata de Navidad (443 deliciosas páginas que devoré como rata, por cierto) y también sus sueños o, mejor dicho, pesadillas. Ahora comparto unas líneas de tal sueño, que es también mi sueño, con ustedes y les dejo la invitación de que, si no la han leído, vayan a su librería o biblioteca preferida y consigan esta novela.


Soñé que tenía que despedirme
de todas las cosas que me han rodeado
proyectando su sombra; de todos esos pronombres
posesivos. Despedirme del inventario, esa lista
de objetos diversos hallados. Despedirme
de los perfumes empalagosos,
de los olores que me mantienen despiertos , de lo dulce,
de lo amargo, de lo agrio propiamente dicho
y de la acritud ardiente de los granos de pimientas.
Despedirme del tictac del tiempo, de la irritación del lunes,
de las miserables ganancias de la loteria de los miércoles, del domingo
y su perfidia apenas se sienta el aburrimiento en la mesa.
Despedirme de todas las citas; de lo que en el futuro
debe cumplirse.

Soñé que tenía que despedirme de toda idea,
nacida viva o muerta, del sentido que busca un sentido
al sentido,
y de la esperanza corredora de fondo
también. Despedirme del interés compuesto
de la rabia contenida, del producto de los sueños acumulados,
de todo lo que está en el papel, recuerda un parecido
y, como corcel y caballero, se convierte en monumento. Despedirme
de todas las imágenes que el hombre se ha fabricado.
Despedirme de la canción, de los lamentos rimados, despedirme
de las voces entretejidas, del júbilo a seis voces
del celo instrumrntal
de Dios y de Bach

Soñé que tenía que despedirme
de las ramas desnudas,
de las palabras brote , flor y fruto,
de las estaciones del año que están hartas
de su ambiente e insisten en despedirse.
Niebla matutina. Veranillo de San Martín. Abrigo de invierno.
Gritar ¿abril, tonto de abril!
decir una vez má cólquico y amarilis,
sequia helada deshielo.

Escapar de las huellas en la nieve. Quizá estén
maduras para despedirse las cerezas* [...]




Günter Grass, La Ratesa, traducción Miguel Sáenz, 1990 CONACULTA/ Altea, Taurus Alfaguara, pp. 109 -110 (Colección Fin de Siglo)


*Las negritas son mías

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