Datos personales

Mi foto
Aguascalientes, Aguascalientes, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

Reconstruyendo

Photobucket

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

Xoxo

Entradas populares en los últimos 30 días

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cartas 4 y 5


Cuarta carta
Es verdad que violento mi corazón cuando te escribo tratando de hacerte comprender mis sentimientos ¡Cuán feliz sería, si pudiese valorarlos por la vehemencia de los tuyos!
            Pero no puedo fiarme de ti, ni tampoco dejar de decirte, aunque con menos intensidad de la que siento, que no deberías mortificarme tanto, con ese olvido que me enloquece y que hasta es una vergüenza para ti.
[…]
No sería menos desdichada si me amases únicamente porque yo te amo. Preferiría que ese sentimiento naciera espontáneo de tu propio corazón ¡Cuán lejos estoy de esto, pues han pasado más de seis meses sin recibir una sola carta tuya!
[…] todos mis anhelos se frustraron y, ¡no volveré a verte en mi cuarto con todo aquel ardor, con toda aquella pasión impetuosa que me mostrabas!
            ¡Más hay de mí! ¡Cuánto me engaño! Ahora sé muy bien que todas las maravillas que embriagaban mi cabeza y mi corazón eran producidas sólo por algunos placeres que se acababan tan rápidamente como ellas.
            Habría sido necesario que en esos momentos de suprema felicidad hubiera acudido a mi razón, para moderar el nefasto exceso de mis delicias y para entrever todo lo que ahora sufro.
[…]
No envidio tu indiferencia, ¡me das lástima! Te desafío a que me olvides por completo. Me ufano de saber que sin mí no tienes más que amores imperfectos y que soy más feliz porque me ocupo más de este amor.
            Hace poco me nombraron portera de este convento. Todas las personas que me tratan creen que estoy loca. No sé que les respondo y es necesario que las religiosas sean tan insensatas como yo, para que me crean capaz de algún cargo.
[…]
No me arrepiento, sin embargo, de haberte adorado. Me encanta que me hayas seducido. Tu cruel ausencia, quizá eterna, en nada disminuye la intensidad de mi pasión. Quiero que todos lo sepan; no lo oculto y me gusta todo lo que hice por ti, contra todas las reglas del decoro. Mi orgullo y mi religión no han sido sino amarte perdidamente toda la vida, desde el momento en que empecé a amarte.

Quinta y última carta
Ésta es la última vez que le escribo y espero hacerle saber, por la diferencia de los términos y del trato de esta carta, que finalmente me convenció de que no me amaba y, por lo tanto, que debo dejar de amarle. Aprovecharé, pues, el primer emisario que haya para enviarle lo que me queda de usted. No tema, que no le escribiré […] Quiero que sepa que desde hace algunos días me siento capaz de destrozar y quemar todas las prendas de su amor, que me eran tan queridas […]
            Le confieso, para vergüenza mía y suya, que me hallé más apegada de lo que hubiera deseado a estas baratijas y que sentí que seríanme de nuevo necesarias todas mis reflexiones para deshacerme de cada una de ellas, cuando me hacía a la idea de no amarle más. Pero todo se logra, cuando hay tantas razones como las que tengo.
[…]
 El orgullo natural de mi sexo no me ayudó a tomar esta decisión contra usted ¡Ay de mí! He sufrido todos sus desprecios y habría soportado su odio y hasta los celos que me cause su amor por otra. Habría estado, al menos, enfrentada a un sentimiento vivo ¡Pero su indiferencia me es insoportable! Sus impertinentes reclamos de amistad y los ridículos cumplidos de su última carta me hicieron ver que el señor había recibido todas mis cartas y que no le causaron ninguna impresión.
            Detesto su franqueza […] Quiero que sepa que me convenció de que es indigno de todos mis sentimientos y que conozco todas sus ruines cualidades.
            Sin embargo, si todo lo que hice por amor a usted puede merecer que tenga alguna consideración con los favores que le pida, le ruego que no me escriba más y que me ayude a olvidarlo por completo. Si levemente me asegurase que ha sentido algún dolor al leer esta carta, tal vez le creería… Y también tal vez su confesión y su arrepentimiento me causarían ira, y todo esto podría atizar en mí de nuevo la llama del amor.
Por piedad, le pido que no se meta en mi vida; destruiría, sin duda, todos mis planes si de alguna manera quisiese entrometerse en ella. No quiero saber qué pasará con esta carta; no perturbe el estado para el cual me dispongo. Me parece que puede estar satisfecho de los males que ya me ha causado, fuese cual fuese su intención de hacerme desgraciada. No me prive de mi incertidumbre. Espero que con ella, al cabo de un tiempo, pueda lograr algo parecido a la paz del corazón. Le prometo que no le odiaré; desconfío mucho de todo sentimiento violento para atreverme a intentarlo.
Estoy segura de que hallaría en este país un amante más fiel…pero, ¿Quién podría hacer que me enamore y vuelva a amar otra vez? ¿La pasión de otro hombre podría embelesarme? ¿Qué poder tuvo la mía sobre usted? ¿No experimente ya que un corazón sensible no puede olvidar jamás lo que lo que lo hizo descubrir la pasión de que era capaz y que no conocía?¿Que todos sus afectos están arraigados profundamente en el ídolo que los creó? ¿Qué sus primeras impresiones y heridas no se pueden cicatrizar ni extinguirse? ¿Qué todas las nuevas pasiones que con todas sus fuerzas tratan de satisfacerlo y contentarlo le prometen vagamente una sensibilidad que no recuperará jamás? ¿Que todos los placeres que busca, sin ningún deseo de encontrarlos, no sirven sino para convencerlo de que nada le es tan querido como el recuerdo de sus penas?
¿Para qué me hizo conocer la imperfección y la amargura de una pasión que no debe durar eternamente y los infortunios que acompañan un amor tormentoso, cuando no es recíproco? ¡Y por qué razón una inclinación ciega y un cruel destino nos hacen de ordinario decidirnos por aquéllos que no nos aman y que prefieren a otros amores?
[…]
Trato ahora de perdonarlo y comprendo perfectamente que una religiosa es, en general, poco amable. Sin embargo, me parece que si los hombres fuesen más razonables al escoger sus amores, deberían enamorarse de una monja, antes que de otras mujeres. A ellas no les impide nada pensar constantemente en su pasión; no las distrae ninguna de las cosas de la vida seglar que absorben y consumen los corazones. Me parece que no será muy agradable ver a sus amadas distraídas por frivolidades y que es preciso tener muy poca sensibilidad de alma para soportar, sin rabia, que ellas sólo hablen de reuniones, de atavíos y de paseos. Ellas siempre están expuestas a asedios permanentes, y se comprometen a retribuir atenciones y complacencias y deben conversar con todo el mundo ¿Quién puede asegurar que en todas esas ocasiones no sienten algún placer y que no soportan siempre con disgusto y mala voluntad a sus maridos? ¡Ah! ¡Cuánto deben ellas desconfiar de un amante que no les pide cuentas rigurosas de todo, que cree fácilmente cuanto ellas le dicen y que con mucha tranquilidad las ve sujetas a todos esos compromisos sociales!
Pero no pretendo probarle con buenas razones que debería amarme: estos medios son pésimos y utilicé otros muchos mejores, que no sirvieron. Sé muy bien cuál es mi destino, para intentar superarlo […]
Si me hubiese dado pruebas de su pasión después de que partió de Portugal, habría hecho todos los esfuerzos para salir de aquí. Me habría disfrazado para irme con el señor ¡Ay! ¡Qué hubiera sido de mi si, después de haber llegado a Francia, no me hubiera determinado! ¡Qué escándalo! ¡Qué disparate! ¡Qué cúmulo de vergüenza para mi familia, a la que tanto amo ahora que no lo amo a usted!
[…]
Debo confesar que debería odiarlo mortalmente ¡Ay! Fui yo, bien lo sé, quien sobre mí atrajo todas estas desgracias. Me acostumbré desde un principio a una gran pasión con demasiada inocencia y es necesaria alguna argucia para hacerse amar. Es necesario buscar con ingenio los medios de inflamar el corazón: el amor por sí solo no enciende la llama.
El señor hizo mejor que yo: pretendía que yo lo amase y como se había trazado ese plan, estaba dispuesto a emplear todos los medios para conseguirlo. Inclusive amarme de veras, si hubiera sido necesario. Pero pronto se dio cuenta de que podía salir de su empresa sin pasión y que la pasión no era necesaria ¡Qué perfidia! ¿Creyó que podía engañarme impunemente? Le digo que si por algún acontecimiento fortuito volviera a este país, yo misma lo entregaría a la venganza de mi familia.
Viví mucho tiempo en un abandono y una idolatría que me horrorizan y mis remordimientos me persiguen con saña.
[…]
Quiero escribirle otra carta para demostrarle que estaré más tranquila dentro de un tiempo ¡Qué gusto me dará poder, entonces, enrostrarle su injusto proceder, cuando ello ya no me mortifique tanto, y demostrarle que lo desprecio; que hablo con profunda indiferencia de su traición; que olvidé todos mis placeres y todas mis penas y que sólo me acuerdo del señor…cuando así lo deseo. Acepto que tiene grandes ventajas sobre mí y que me inspiró una pasión que me enloqueció, pero no debe vanagloriarse por esto. Era joven, crédula, me tenían encerrada desde la infancia en este convento; aquí no había conocido sino gente adusta; jamás había recibido los elogios que me decía permanentemente; creí deberle todos los atractivos y la belleza que decía admirar en mí y que me hacía descubrir; oí hablar muy bien de usted; todos hablaban a su favor; usted, señor, hacía todo para despertar mi amor. Mas, en fin, salí de este encantamiento…; contribuyó usted a ello y confieso que lo necesitaba.
Al devolverle sus cartas, guardaré cuidadosamente las dos últimas y volveré a leerlas muchas más veces de lo que leí las primeras, como una medida de no recaer en mis flaquezas […] Soy una estúpida en repetirle las mismas cosas tantas veces: Es menester que lo deje y que no piense más en usted. Creo, así mismo, que no volveré a escribirle ¿A caso tengo la obligación de rendirle cuentas de mi vida?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Deja que caigan más cerezas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...