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roja como los sueños de los negros mirlos.

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Algunas veces, soy exactamente lo que odio, una perra rabiosa encegueciendo en el preciso minuto en el que tu belleza pura resplandece ...así que por eso no te conozco aún, no de la forma como el ojo conoce, pero puedo olerte...dulce amargo designio, y puedo beberte. Sabes a martini seco mezclado con la salada desproporción de la mano sangrante que sostiene la copa.

Sometimes, I'm just what I hate; a she mad dog getting blind in the exact minute when your mere beauty shines...so that's why I don't know you yet, not by the way the eye knows, but I can smell you...bitter sweet design, and I can drink you. You taste as a dry martini mixed with the salty disproportion of the bleeding hand that holds the cup.

Algunes vegades, sóc exactament alló que odio, una gossa rabiosa encegant al precís minut en què la teva bellesa pura resplendeix... així que per això no et conec fins i tot, no de la forma com l'ull coneix, però puc olorar-te... dolç amarg designi, i puc beure't. Saps a martini sec mesclat amb la salada desproporció de la mà sagnant que sosté la copa.

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domingo 21 de febrero de 2010

Carta de Auguste Rodin a Camille Claudel


Mi feroz amiga,
Mi pobre cabeza está muy enferma y ya no puedo levantarme por la mañana. Esta tarde he recorrido (horas) sin encontrarte nuestros lugares, ¡qué dulce me resultaría la muerte! Y qué larga es mi agonía. Por qué no me has esperado en el taller. ¿Dónde vas? cuánto dolor me estaba destinado. Tengo momentos de amnesia en los que sufro menos, pero hoy el dolor permanece implacable. Camille mi bienamada a pesar de todo, a pesar de la locura que siento acercarse y que será obra tuya, si esto continúa ¿Por qué no me crees? Abandono mi Salón, la escultura. Si pudiera irme a cualquier parte, a un país en el que olvidara, pero no existe. Hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente, siento tu terrible poder. Ten piedad malvada. Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario la locura atroz. Se acabó, ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor.
Mi Camille ten la seguridad de que no tengo ninguna amiga, y de que toda mi alma te pertenece.
No puedo convencerte y mis razones son impotentes. mi sufrimiento no te lo crees, lloro y lo pones en duda. Ya no río desde hace tiempo, ya no canto, todo me resulta insípido e indiferente. Ya estoy muerto y no comprendo las fatigas que he pasado por unas cosas que ahora me son indiferentes. Déjame verte todos los días, será una buena acción y quizá me venga una mejoría, porque sólo tú me puedes salvar con tu generosidad. 
No dejes que la terrible y lenta enfermedad se apodere de mi inteligencia del amor ardiente y tan puro que te tengo, en fin, piedad querida mía y tu misma serás recompensada.
Rodin

(Carta exhibida en el Museo Rodin de París) 
A los 19 años, Camille Claudel conoció a Rodin, quien, a sus 43 años, ya era considerado el mejor escultor de Francia . Vivieron una relación tormentosa, finalmente Camille decide abandonarlo, pues no estaba dispuesto a separarse de Rose Beuret, madre de su único hijo con la que mantuvo una relación de casi 50 años, pero con quien se casó hasta finales de enero de 1917; Rose muere el 14 de febrero del mismo año y Rodin nueve meses después . 
Tras apartarse de Rodin, Camille se encerró en su taller y comenzó a trabajar obsesivamente. Su conducta nunca le gustó a su familia, por lo que cuando muere su padre, el único que la apoyaba, es confinada en un asilo para enfermos mentales, allí pasaría 30 años de su vida. En una de las tantas cartas que le escribe a su hermano Paul pidiéndole que la dejen salir de ese horrendo lugar, expresa:

Se me reprocha (¡espantoso crimen!) haber vencido todo yo sola [...] quede yo para siempre en esta nada con barrotes que es la prisión de locos, donde mi madre y todos ustedes me han confinado, por haber tratado de ser Camille y mujer, Camille y artista, Camille y amante y libre.
[...]
¡Es realmente excesivo! ¡Y me condenan a la prisión perpetua, para que yo no reclame! Todo esto en el fondo, sale del cerebro diabólico de Rodin. El no tenía más que una idea y es que, estando él muerto yo tomara mi vuelo como artista y que yo deviniera más que él. Faltaría sólo que él llegara a tenerme entre sus garras, después de su muerte, como durante su vida. Hace que yo sea desgraciada, estando él muerto como vivo. El lo consiguió en todo punto, pues soy desgraciada, yo lo sé. Y me perjudico de esta esclavitud. 

1 cerezas importadas:

  1. Terrible, dolorosa, de un sufrimiento inamaginable; deseo tanto tener ese tacto, pero no padezco igual y creo que nunca lo haré. ¡Abrazos, Chica Pasiones!

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