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lunes, 31 de mayo de 2010

Derviches, trompos y armonía

Silvia Teresa Flota, Derviches, aguada.

Sin lugar a dudas, la armonía es una cuestión de equilibrio; el trompo, ese jueguito de niños, por ejemplo, es ultra armónico si logra desplegar el maravilloso espectáculo de dominar el contrapeso sobre su punta metálica estallando en visiones. La idea que conecta el trompo y la armonía me lleva a hablar de un ejecutor de un movimiento en éxtasis que captura la luz unificadora en alma. Esta mañana, mientras observaba las fotografías de Mine, le comenté que aquella que tomó de un trompo tenía la pinta de uno de esos bailadores de Brake, cuando giran de cabeza, ella me contestó que más bien se parecía a un personaje que llama poderosamente mi atención, el derviche Bektashi.
La palabra derviche es un adjetivo persa (درویش, darvish) que significa literalmente el que busca las puertas, en árabe se tiene como sinónimo faquir, en tanto que en occidente lo relacionamos con el término de mendigo. Esta palabra, específicamente, debe aplicarse a dos tipos de mendicantes acéticos: los que viven en las calles, conocidos como andantes, y los que viven recluidos, insertos en una orden Sufí, la de los Bektashi, realizando rituales sagrados y practicando una filosofía incomunicable a los profanos, la cual se basa en la creencia de la unidad de la existencia cuyo misterio (verdad profunda) no se alcanza a discernir. Relacionados con el adiestramiento estricto de los soldados Jenízaros en las escuelas de Acemi Oğlanı y del derviche Hacı Bektaş-ı Veli, observan una práctica ortodoxa. La obediencia pasiva y la humildad sin límites conforman una conducta que para estos anacoretas es una ley inquebrantable. Llamados también derviches giróvagos, danzantes o aulladores, practican el Sama, giro extático, que les permite abrir el ojo del corazón y anular el nafs a ammara, es decir, el Yo dominante o Ego, para así poder existir en la realidad del alma divina que encierra el entendimiento absoluto, universal. Tras un proceso ascético, quienes han renunciado a su estado animal y eludido el aspecto ilusorio del mundo pueden realizar el Sama en un escenario ritual llamado Semahami, comenzando por recitar el Corán en ritmo libre elegido por el guía del grupo, después de esto, despojándose de un manto negro y vistiendo jirgas (harapos) blancas o azules, se dirigen al centro con las manos apretadas a la altura de la cintura para disponerse a realizar los samas siguiendo al Semazenbashi designado (maestro de danza) y la música creada con la ney —flauta de caña usada en oriente medio desde hace más de 5,000 años—, una vez que empiezan a girar, la mano derecha apunta al cielo y la izquierda hacia la tierra, capturando, así, la energía circundante; de a poco se aumenta la velocidad de los giros hasta niveles vertiginosos, sin embargo, los giróvagos no pierden el equilibrio, cuando terminan, sus brazos se cruzan sobre el pecho y las manos tocan sus hombros.

1 comentario:

  1. Un rito es la repetición de un fragmento del tiempo original, y el tiempo original sirve de modelo a todos los tiempos. Lo que sucedio un día se repite sin cesar. Basta con conocer el mito para comprender la vida.

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