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lunes, 27 de septiembre de 2010

Bravo Marsalis… umm ¿Perdón?, ¿cuál Marsalis?

¿El pianista Ellis o alguno de sus cuatro hijos, Brandford el saxofonista, Wynton el trompetista, Delfeayo el trombonista, o Janson el baterista?
En esta ocasión, me refiero a Wynton, así es. El pasado 9 de junio, este virtuoso artista, director de la orquesta de Jazz del Lincoln Center, participó como ejecutante en la premier de su Sinfonía del swing (núm. 3), interpretada por la Orquesta Sinfónica de Berlín ante la batuta de Sir Simon Rattle. A algo más de tres meses de distancia, septiembre 22, en el Avery Fisher Hall, le tocó el turno a la Filarmónica de Nueva York compartir el escenario con este gran talento y los 15 músicos de su orquesta, pues, muy acertadamente, Alan Gilbert eligió la obra de W. Marsalis para abrir la temporada de conciertos del Lincoln dentro de un programa que también presentó el Don Juan de Strauss y La metamorfosis sinfónica sobre temas de Carl Maria Von Weber de Hindemith. Yo no tuve boleto para asistir a ninguna de estas maravillosas galas (obvio), pero gracias al canal 22 pude disfrutarla dos veces desde una butaca en mi casa; el mismo día del estreno neoyorkino, el miércoles pasado, y en su retransmisión, éste fin de semana, el sábado.
La verdad, fue un agasajo escuchar la creación de un genio que se ha distinguido como intérprete, arreglista y compositor, tanto en el género del jazz como en la música clásica, no por nada fue distinguido con el premio Pulitzer de música en 1997 por el oratorio Blood on the fields. Ahora, con su nueva composición, nos entrega un viaje que explora una gama abierta de sonidos y que nos deja escuchar oggie wa-was dentro de los registros de la llamada música culta. Como nos dice el propio compositor esta sinfonía incluye palmadas y partes en la que todos los instrumentistas tocan juntos, igualmente tiene una melodía larga y momentos en los que cada uno de los integrantes de la orquesta puede destacar, conjunta muchos sentimientos diferentes, luego aborda el estilo eclesiástico; la pieza central tiene una gran cantidad de elementos de música afro-americana surgida en la iglesia. Luego se rompe en algo que está al final de tu vida y reflexionas sobre todo, por eso —apunta asertivamente W. Marsalis— al final la llevo al “huuuh”. Es como el último aliento que tomas. Tal como se hace cuando se tiene un buen momento. Por eso se llega a la conclusión de que el jazz es una música optimista.
Y bueno, como yo no soy musicóloga, sólo disfruto enormemente de la música, mejor le dejo al experto que hable de su música

también pueden ver más en la sección “Watch & Listen” en el enlace que enseguida les proporciono:
Por último, les sugiero que visiten la página oficial de este Marsalis y de paso el de los otros, todos grandes entre los grandes del jazz.
Y no me voy sin dejarles que escuchen el Concierto para trompeta y orquesta en fa mayor, adagio, de Michael Haydn:

3 comentarios:

  1. Que placer y que deleite para los oídos, después de leer esta entrada y ver estos videitos, ha escuchar algo de jazzesito toda la tarde. Un abrazo Silvia.

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  2. ¡Gracias por tan hermoso regalo auditivo!

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  3. No lo conocía y eso que me gusta bastante el jazz, pero me lo apunto depués de leerte y, sobre todo, de escuchar esa maravilla de concierto para trompeta.

    Gracias por regalarme este momento después de un día ocupado con poco espacio para disfrutar de la belleza y el arte.

    Un beso, Silvia

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