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domingo, 12 de septiembre de 2010

El ahuizote; más temible que la cola de un huracán


Silvia Teresa Flota Reyes, El ahuizote, aguada


El nombre de ahuizote viene del náhuatl atl; agua y huitzo; espina. Este animal, que los conquistadores designaron como una especie única del nuevo mundo, supuestamente existió desde Durango hasta Yucatán. Fray Bernardino de Sahagún lo describe como un animalejo notablemente monstruoso en su cuerpo y en sus obras que habita en los manantiales o venas de las fuentes. Conocido erróneamente como perro de agua debido a que en los códices se muestra al octavo tlatoani, llamado Ahuizotl, con un glifo de un perro con agua en la espalda, también es referido como león de agua; los mixtecos, por su parte, lo apelaban ñañaduto. Conforme a las leyendas prehispánicas, se dice que era ayudante y mensajero de Tlaloc, quien, a veces, le exigía que le llevara como presa a alguna persona. Se caracterizaba por su crueldad. No era muy grande, media cerca de tres palmos de la cabeza al tronco, su cola era larga, de la mitad del tamaño del cuerpo, y enroscada; en su punta se prefiguraba una garra con la cual prendía a los hombres arrastrándolos hasta aguas profundas. De su pelaje negro rojizo o gris, muy sedoso, sobresalían un hocico puntiagudo, uñas encorvadas y patas de chango y apenas se mostraban sus orejas pequeñas. Su nado asemejaba al de una nutria y hacía remolinos que podían lanzar a los peces fuera del agua. Avisaba su presencia con un agudísimo chillido que erizaba la piel del infortunado que lo oía. Hambriento de carne humana, buscaba quien fuera su caza, para llevarlo, como relata Sahagún, […] hasta su cueva debajo del agua, donde le arrancaba los ojos, los dientes y las uñas. Posteriormente, cuando el cadáver era arrojado a la superficie, los únicos autorizados para recogerlo eran los sacerdotes de Tlaloc […]. Se creía que alguno de los parientes de la víctima tendría que afrontar la misma muerte, o bien, morir herido por un rayo para que así le pudiera hacer compañía en la morada postrera que le había tocado. 
En la actualidad, en Xalatlaco, población cercana a Toluca, se dejan ver algunos ahuizotes, pero estos no se deslizan en las aguas ni comen humanos, son personas que han sobrevivido al golpe de un rayo, por lo que se les concede estar muy cerca de Tlaloc, así, ellos poseen el don de atraer o alejar la lluvia.
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El ahuizote by Silvia Teresa Flota Reyes is licensed under a Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported License.
Based on a work at wastedcherryblogblof2.blogspot.com.
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3 comentarios:

  1. Hola Silvia, hacìa un tiempo que no tenía tiempo de pasar a revisar tus cosas y veo que andas en una etapa prolífica, escribiendo mucho, y recuperando voces perdidas, me encantó esta entrada y me recordaste un par de textos que voy a darles una checada.

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  2. Si el bichejo es tan guapo como el de tu dibujo, no importa lo que digan de él, es una monada.
    En serio, una aguada divina.

    Y también las leyenda que la acompaña.

    Espero que estés bien de salud y de ánimos. Un beso,

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  3. Concuerdo con Tesa, es una monada; lo prefiero así a verlo fiero, tan sólo de leer los párrafos me he atemorizado, no quiero toparme con uno, aunque al mismo tiempo pienso que la experiencia ha de ser única (qué va, se me escapan los tornillos).

    Ea, ya estoy aquí :)

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