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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mi amiga Elena Blasco


Para terminar con mis deudas de mi primer trienio resta únicamente hablar de mi amiga Elena. Sí, creo que eso es esencial, cómo puedo andar publicando esto y lo otro sin ni siquiera aludir la presencia en mi vida de alguien tan excepcional; porque cualquier persona que haya lidiado conmigo durante largas horas seguidas o, aun lo más difícil, emprendido un viaje a mi lado —no importando cuántos fueran los kilómetros de la trayectoria— y, después de eso, haya mantenido el ánimo suficiente para dirigirme la palabra, debe de ser EXCEPCIONAL. Aunque no se piense que en ello reside la extravagancia de Elenota; mucho más remarcable es su espontaneidad, su modo de destruir el mundo para reconstruirlo de manera más lúdica y su tenacidad de ser lo que se quiere ser.
Déjenme que les cuente algo sobre ella, y no desesperen si al principio lo que relato pareciera una llana digresión. Ayer, al salir de ese trabajo que me ocupa y que en realidad es mucho más que trabajo, diría, pues, recomenzando de manera más exacta… el pasado 7 de septiembre, siendo las 4:40pm, tras cumplir mi ordalía, cabizbaja y derrotada, observé a dos chicos transexuales asumir la vida de manera tan alegre (realmente gay), que me dije “¡Qué feroz es poder ser tan feliz escuchando a tu voz interna mascullando: Plántate a tu gusto por el corredor de la vida”. Entonces, abrevié todo lo que pasó por mi cabeza en una sentencia, “debo ser lo que yo quiero ser”, sin embargo, de pronto me infligí severo golpe en la razón, “pero es imposible, ve en lo que se convirtió Oskar Matzerath, ¡en un fenómeno!” Ahora, si bien, en estos tiempos transgresores es una práctica común cambiar de sexo, yo no quiero cambiar de sexo, yo quiero cambiar de edad. NO QUIERO SER TRANSEXUAL, QUIERO SER TRANSEDAD. Luego casi lloro por darme cuenta de que ya no puedo ser niña y que si estoy dale y duro con eso, terminaré con un tambor escondido en la deformidad de mi cuerpo. Seguro que no logro tal objetivo porque este es un portento, sólo un ser EXCEPCIONAL puede lograrlo, Elena lo logró, es toda una transedad.
Mi amiga, la transedad, es cada día más dichosa con la juventud que se devuelve con sus cirugías diarias, en las que los pinceles son el más fino escarpelo; ¡cuántas arrugas se quita estirando el lienzo o preparando un papel! Igualmente, con un snap shot modifica su material genético. Si no la conocen, la presentó ahora para que vean qué niña tan grande es y que fantasiosa es su ferocidad de caperuza montadora de mil lobos.




1 comentario:

  1. Sin el afán de convertirse en un Peter Pan ¡Es posible volar gracias a los pensamientos hermosos! Contar con una buena amiga, siendo adultos ya, no es tarea fácil y eso también nos mantiene niños, risueños y soñadores.
    La edad es sólo un estado de ánimo, no es únicamente una frase hecha yo en verdad lo creo, así como creo en la hadas.
    Nuestro cuerpo cambia, es verdad. La cuestión es que con los años acumulamos tantas historias que a veces necesitan ser escritas incluso sobre la piel: debajo de los ojos, en las manos, en el cuello, en la comisura de los labios.
    Robémosle a Elena Blasco su maravillosa capacidad de renacer cada día, con los ojos repletos de color, con la misma piel y con el espíritu siempre niño.
    Un abrazo

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