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jueves, 9 de septiembre de 2010

Y tú, ¿tienes chincual?


El otro día Mine hizo referencia a un estado intranquilo usando el mexicanismo chincual, lo cual dio pauta a que habláramos del origen de este vocablo. ¿Sabes si tienes chincual o si alguna vez lo has tenido?, ¡a que sí!, todos, al menos de chamaquitos, lo hemos padecido, sin embargo si ya de grandecillo no lo sufres más y alguien persiste en decirte chincualudo o que parece que tienes chincual, no lo tomes a mal, a mí me resulta una metáfora ingeniosa o, bien, un exacto símil. ¿Por qué digo lo que digo? Bueno, pues según sugiere Joaquín García Icazbalceta1 chincual es una palabra náhuatl compuesta del locativo tzinco, en el ano, más atl, agua, pero en este caso no se trata de cualquier agua sino de orín, por lo que el que sufre de chincual es aquél que tiene el ano rozado por la acidez que le ha producido su meadita; si te sientes inquieto, que te baste imaginar como un nene se retuerce y manifiesta gran desazón cuando su pañal esta empapado como para aceptar, sin achicopalarte, que sientes chincual .
Y hablando de chamacos, achicopalados y nenes, creo que podemos seguir metiendo cerezas en la cesta; estos tres vocablos también son considerados por algunos lingüistas como mexicanismos, aunque Corominas dude de que el último lo sea y tal vez, también, García Icazbalceta, quien de las tres palabrejas referidas sólo registra la segunda en su obra2.
Chamaco, ¡claro que es mexicanismo! Juan Clemente Zamora y Antonio Alatorre así lo consignan. Alguna versión dice que deriva del náhuatl chamahuac, que quiere decir grueso, gordo, tal vez a los lactantes se les dice chamacos porque casi todos son gorditos; otra, la de Molina, señala que la palabra chamahua aludía a la mazorca o al cacao en crecimiento; el chamaco, entonces, es como Jorge Mejía observa, un niño desde la primera infancia hasta la adolescencia3.
Achicopalarse, en algún lugar de las Memorias de la Academia Mexicana, es citado como un aztequismo eufonizado conforme a la índole del castellano, aunque yo sé que en otras latitudes de América se usa, pero puede ser que este término haya migrado, su raíz nadie la explica, pero según el DRAE, en el español de México, Honduras y El Salvador significa acobardarse, achicarse, pero nosotros sabemos que es más que eso, es estar abatido, desanimado, con el ánimo bien caído.
Nene, a pesar de lo que diga mi admirado Corominas, viene del náhuatl nenetl, muñeca, que procede de nenepilli: nenetl, muñeca, y pilli, que cuelga o procede de otra. A los hijos se les decía pilli en sentido figurado, por ser el fruto que cuelga de un árbol4, por ello los indigenismos pilcate y pilguanejo también son formas de denominar a un niño, sólo que en sentido despectivo: pillitzáctic, de pilli, hijo o niño, tzáctic, sucio y pillihuanejo que realiza una hibridación con el sufijo español –ejo.
Y ya andando con niñerías pues nos metemos con el escuincle y el chilpayate ¿no? Escuincle es un indigenismo de tono peyorativo, ya que la acepción prístina de itzcuintli es perro; a esto se le aumente el sentido de perro indócil, callejero de aspecto desagradable, como lo son los niños impertinentes, aunque Lara añade que el vocablo nombra a un joven inexperto5. Por su parte, chilpayate, de acuerdo con el diccionario de Santamaría viene del azteca chilpayatl, pero no se da detalle de su étimo. El carácter que tiene puede ser cariñoso o despectivo, cuando es afectivo refiere a un bebé, además, en plural refiere a la prole.
Y bueno, como ya no me cuelga nada, ni un nenepilli de un cerezo, ahí los dejo… por ahora.

Vocabulario de mexicanismos, Academia Mexicana de la Lengua, p.153
En la página 395 del texto Estudios de cultura náhuatl: Volúmenes 31-32 se concede un espacio para analizar el uso de las acepciones chamaco, chilpayate y escuincle.
Investigaciones lingüísticas: Volumen 5, Núm. 1-2, p.228
Luis Fernando Lara, Diccionario del español usual en México, p.400

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