Datos personales

Mi foto
Aguascalientes, Aguascalientes, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

Reconstruyendo

Photobucket

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

Xoxo

Entradas populares en los últimos 30 días

sábado, 9 de octubre de 2010

Tomando té en mi ático

 Silvia Teresa Flota Reyes, Having tea in my attic, fotomontaje digital

I. Venus tiene sus arrayanes, Febo sus bayas y yo, como la reina, un obsequio que supera a éstos.

El amigo de Musa, el té ayuda a nuestra fantasía,
Regresa esos vapores que invaden la cabeza,
Y mantiene el palacio del alma serena,
Edmund Waller

De entre las cosas que me desilusionan mucho, más que me den gato por liebre, puedo mencionar las ocasiones en que me dan tisana por té. Soy una exigente degustadora de las infusiones de Camellias sinesis o assamicas y me causa gran insatisfacción el que me ofrezcan una taza de una vulgar Maticaria chamomilla crecida en cualquier terreno baldío o, en el mejor de los casos, una de Cymbopogo citratus. El té es una poliantea oriental del orden de la columníferas de cuyas largas hojas, poseedoras de cafeína, nace el aroma y el sabor de una bebida que invita al rito. Al pedir una taza de éste, uno sólo puede esperar que le sirvan alguno de de sus seis tipos: negro, verde, rojo, amarillo, oolong y blanco.
El negro, que es el que suelo tomar, se obtiene por medio de cuatro pasos básicos: marchitamiento, con el que se logra la flexibilidad de las hojas; enrollado, que coadyuva al rompimiento de las células de la planta para con ello facilitar reacciones químicas; oxidación, lo que le da el carácter de té negro; y la aplicación de calor seco, para detener la oxidación en el momento necesario de acuerdo con la variedad que se desee. Es este el que se degusta en occidente; muchas de sus variedades —English y Irish breakfast, Earl Gray, Ceylan, Krasnodar (de origen ruso) y por supuesto, mi favorita, Darjeeling— se sirven en el famoso five o’clock tea. El Georgia, el más popular en Rusia, los chinos Lapsang Souchong (ahumado) y Keemun (afrutado), así como el Rize turco constituyen otras variedades con las que el paladar puede deleitarse.
El verde, se hace con la hoja del té sin fermentar, esto es, tras secar las hojas, inmediatamente se les aplica calor para detener su oxidación. Es la bebida más consumida en China, Marruecos, Taiwán e Indonesia. De entre sus variedades se destacan la china denominada Gunpowder, pólvora, la cual nunca se presenta en bolsitas ni en polvo, pues su particularidad es que las hojas se enrollan haciendo pequeñas bolas que se deshacen al momento sumergirlas en el agua hirviendo y ¡cómo no! El Matcha japonés, usado en la ceremonia del chadō, que, al contrario del gunpowder, es molido. En la actualidad el té verde se comercializa destacando sus cualidades benéficas para el control del colesterol y la prevención de enfermedades cardiovasculares; así, su potencial medicinal deja a un lado el aspecto místico que tiene en oriente. Para un taiwanés, por ejemplo, el té provee beneficio espiritual más que físico y la persona encargada de servirlo durante la ceremonia Wu-Wo aprende, mediante los pasos que se deben seguir, a respetar al otro sin importar cual sea su condición social.
El rojo, conocido también como pu’erh, ya que proviene de la región china de Yunnan que lleva ese nombre, no es muy comercial —en la antigüedad, era consumido sólo por la nobleza—, ya que se somete a un proceso de fermentación dentro de barricas de roble, de las que toma su color, hasta por 60 años. Es común que en este caso nos den una infusión de la Aspalathus Linearis que se cultiva en Sudáfrica, conocida popularmente como rooibos (arbusto rojo, en afrikáans), en lugar de la extraída de la ancha hoja del pu’erh cha.
El amarillo, huáng da cha, también es fermentado a partir del proceso de oxidación que se produce una vez que la hoja es abierta cambiando, así también, la estructura de sus componentes moleculares; la reacción de los taninos, polímeros flavonoides, produce que este tipo de té, cuyos artífices fueron los mojes taoistas y budistas, sea aromático, sin embargo, en contraste con el negro, no tiene tantas variedades. Es un té, podemos decir, in the middle of the road.
Ni tan, tan ni muy, muy, igual que el amarillo, es el oolong, de hecho este suele pasar por huáng, en particular por su variedad llamada comercialmente yellow gold oolong y cuyo nombre original es Tou Tian Xiang, que significa fragancia a través del cielo, pues, según corre el run run desde la dinastía Ching, un granjero del poblado de Anxi se encontró con un camellia sinesis muy peculiar, así que la llevó a su casa y a partir de ella cultivo otras 200 más, luego proceso sus hojas y se las dio a probar a su vecino, en el momento que se hizo la primera infusión, se alzó un exquisita fragancia que aromatizó todo el cielo. Tan aromáticas como las de esta variedad, pero con un gusto más dulce, las hojas del té Ti kuan Yin, nombre que se puede traducir como diosa de hierro de la misericordia, pesan más que las de cualquiera de las camelias que producen oolong chino, es natural de la villa de Xiping, situada igual que Anxi en la provincia de Fujian, y también de su vecina Taiwán. En general, las variedades de oolong combinan las cualidades del negro y del verde. En chino, oolong significa dragón negro, el porqué se le denomina así se explica en dos leyendas: una relata que un productor de té estaba recogiendo las hojas cuando de pronto vio una dragón negro moverse entre los arbustos, se llevó tal susto que huyó, después, al regresar bien preparado para pelear con el reptil, comprobó que su imaginación lo había engañado, pues sólo encontró hojas negruzcas de té que habían sido secadas por el sol; la otra, refiere que un trabajador de una plantación estaba muy distraído haciendo su labor, por lo que olvido recoger unas cuantas, de tal manera que cuando el hombre volvió de su abstracción, las hojas olvidadas se habían secado, aun así se las llevó a casa y se hizo una infusión que resultó ser muy de su agrado.
Por último, el té blanco, pai mu tan, de aspecto pajizo muy tenue, se elabora en la región montañosa entre Fujián y Jianxi y en Sri Lanka. Su infusión se hace con las yemas nuevas de las hojas, llamadas silver tips, pues tienen un color plateado, y, antes de que éstas se desenrollen, se dejan secar. Su producción es limitada.
¿Se te antojó alguno de ellos?

II. De lo que hay detrás de una taza de té

En mis manos sostengo una taza de té;
Veo toda la naturaleza representada en su color verde.
Cerrando mis ojos encuentro montañas y agua pura dentro de mi corazón.
Silenciosamente sentado a solas y bebiendo té, siento que se vuelve parte de mí.
Gran maestro de la escuela Urasenke, circa siglo XIV

El vocablo té proviene del chino 茶, cuya traslación al pinyin es tschá, claro que su pronunciación varía de acuerdo al dialecto usado, por ejemplo, el hablado en Amoy es te, este sonido es el que incorporan las lenguas romances; el español, el catalán, el francés, el italiano (té, te, thé, tea), excepto el portugués que prefiere chá.
La infusión milenaria halla su origen poco después del año 3 000 a.C., en la época en que los chinos se establecen en los valles del norte asiático que eran favorecidos por la corriente del río Huáng Hé. Se dice que durante el periodo del emperador Shen Nung (2738-2696 a.C.) fue que se dio gran impulso a la agricultura y se considero al té como un cultivo esencial, pero, ¿cómo surgió la idea de preparar infusiones con sus hojas? Bueno, también se cuenta que a este emperador le gustaba asegurarse de la pureza del agua que tomaba, así que mandaba a sus súbditos a que la hirvieran —ustedes ya saben, por si las moscas—, pero, un día en que él y su séquito tuvieron que viajar a un poblado lejano, uno de sus súbditos no advirtió que una hoja seca de té había caído en el agua burbujeante, así que para cuando le llevó el agua a Shen Nung, esta se había tornado verduzca, sin embargo, como despedía un agradable olor, no dudó en tomársela. ¿Qué fue lo que pasó después? Pues que ya no pudo dejar de saborear esta mágica poción.
Una vez identificada la planta que produjo la infusión, los chinos desarrollaron todo un arte para su cultivo, el cual se realiza en las húmedas colinas y laderas de montes altos, entre los 3 000 y los 2 000 metros sobre el nivel del mar, terrenos que no son aptos en la labranza de tierras para granos. En estas condiciones la planta crece lentamente adquiriendo su aroma.
Ya para la dinastía Táng Cháo, fundada por la familia Li (618 al 907), el té se hubo convertido en una bebida para acompañar los momentos sociales y de placer. Gracias a la importancia que se le dio al té en esta dinastía, se conservan tres documentos importantes: Chájīng (La obra clásica del té) de Lu Yu; una divulgación sobre el agua usada para la preparación del té de Zhang Youxin y Chai Chá Lu (Expedientes de la cosecha del té) de Wen Tingjun.
Si bien, queda claro que los chinos fueron los primeros degustadores de té, el consumo de éste en Japón y en la India tiene también raíces profundas que se recuerdan a través de mitos fundacionales. En el Japón la tradición cuenta que una vez Budai-Daruma-Daishi, primer patriarca del budismo Zen, se sintió perturbado tras soñar con las muchas mujeres que había amado, por lo que se obligó a cumplir la promesa de no volver a dormir, sin embargo, tan pronto sintió los párpados pesados y una fuerte sensación de letargo, a tal grado que parecía que su espíritu iba a ser vencido, se puso a masticar las hojas de un arbusto de camelia que encontró en el camino, las cuales, providencialmente, lo ayudaron quitándole la somnolencia de por vida. Este mismo personaje, pero con el nombre de Bodhi-Dharma, aparece en una de las leyendas indias; en el quinto año de viajar cumpliendo con su misión de difundir el budismo, se sentía tan abatido que llegó a pensar que ya no podría seguir adelante, pero sus sabios le aconsejaron que bebiera agua impregnada de la esencia de las hojas de té, en cuanto hubo bebido la pócima, recobró la vitalidad que tenía en el primer año de peregrinaje. La segunda versión de la India nos refiere que Siddhartha Gautama, desesperado de no alcanzar la concentración recta debido a un sueño pesado que invadía su ánimo, se arranco los párpados, los cuales, al caer en la tierra, se convirtieron en las semillas que harían brotar las planta columnífera.
En la actualidad, la India es el principal productor de té, o chai, como los nativos de sus tierras le llaman, tiene tres regiones que cultivan importantes cantidades desde el siglo XIX, cuando los ingleses se propusieron terminar con el monopolio del producto que mantenía China: Darjeeling, Assam y Nilgiris. En este país, el té negro es preferido sobre cualquier otra bebida, incluso sobre el alcohol, sobre todo si está aromatizado con especias, por lo que en lugar de cafeterías existen las chaiwalas en las que se puede beber cualquier variedad que imaginemos.
Cuando tomo una taza de buen té —ummm, Darjeeling— sostengo en mis manos una historia que eleva ecos de un pasado en su vapor, y en la que busco en cada trago la evocación para seguir hablando de esto y lo otro, por eso les anuncio que recién he abierto una sala de té en un ático en videojug pages respondiendo a la invitación que me hizo Harriet Hungerford, editora de este espacio, ahora con Having tea in my Attic me acerco al público de habla inglesa, pero también espero contar con su visita, gracias por seguirme el hilo.

1 comentario:

  1. Interesantísima -como siempre- tu entrada. Debo confesar que también soy una fanática del té y como tal agradezco los textos de le cantan a tan mágica bebida.
    Desafortunadamente en nuestro país al té se le ve más como remedio para los dolores de barriga y otros tantos, que como una infusión capaz de transportante a la China milenaria, a la Inglaterra Victoriana o a la rebelión que acabó con trece colonias establecidas en Norteamérica.
    Ojalá algún día, nos reunamos frente a una humeante taza de té negro (yo con bergamora, piel de naranja y limón o uno verde con menta)y una rebanada de panqué de cerezas, claro está.

    ResponderEliminar

Deja que caigan más cerezas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...