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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los santos inocentes

Los santos Inocentes, Duccio di Buoninsegna

Escribí en mi diario íntimo, sobre los inocentes y me acordé de un poema del Robert Lowell, así que salté de mi blog de autor a mi blog cultural para ofrecérselos en este post, siendo algo muy propio ya que desde la muerte de Alí Chumacero no había metido otra cereza en la cesta de poesía, además vale igualmente para enmendar el exabrupto de la entrada anterior causado por un espíritu festivo que me es ajeno.

Este poeta bostoniano, aunque sin duda es uno de los más importantes surgidos en la literatura estadounidense de la centuria pasada, ha sido poco traducido al español, apareciendo su obra de pronto en una que otra antología. Convertido en un poeta de culto en el ámbito latinoamericano, particularmente en nuestro país a partir de que Carlos Monsiváis recupera parte su material en la década del setenta, el afán de traducir su obra por parte de otros tantos implicará, asimismo, la capacidad de compartir el punto de vista ético del vate, así como, en el aspecto formal, seguir las variaciones de un complicado estilo que desarrolla desde Land of Unlikeness (1944) hasta Day by day (1976).

Sin más los dejo con “Los santos inocentes”, perteneciente al poemario Lord Weary's Castle. La versión que aquí presento la he extraído de la antología Poesía norteamericana del siglo XX, editada por la UNAM y Premia, cuya selección, prólogo y traducción, salvo uno que otro poema, estuvo a cargo de Federico Patán.

Escucha, las campánulas tintinean mientras la carreta
se bambolea sobre ruedas de goma por el alquitrán
y el hielo encenizado más allá del molino de cañamazo
y el canal del sábalo. Los bueyes babean y se detienen
admirados ante las defensas de un auto,
y enormes se desplazan colina de San Pedro arriba.
Son los maculados por mujer —su
tristeza no es la de este mundo:
el Rey Herodes gritando venganza ante las rodillas
encogidas de Jesús que se ahoga en el aire.

Rey de gaznápiros y de niños mudos. Aun así,
el mundo es más Herodes que Herodes; y el año,
de gracia de mil novecientos cuarenta y cinco
trepa con privaciones la colina escoriosa
de nuestro purgatorio; y los bueyes se acercan
a los gastados fundamentos de su descansadero,
el pesebre sagrado su lecho de maíz
y su acebo arrancado para la Navidad. Si mueren,
como Jesús, con el yugo, ¿quién lo lamentará?
Cordero de pastores, Niño, cuán inmóvil yaces

Ilustración de Jeffrey Smith

Finalmente, como recomendación les brindo dos títulos: la traducción de Day by Day realizada por Luis Javier Moreno y editada en 2003 por Losada y así también Words in air: The Complete Correspondence Between Elizabeth Bishop and Robert Lowell editada por Thomas Travisano con la colaboración de Saskia Hamilton; son 459 cartas que durante largos años sostuvieron una relación atípica, sugestiva, intelectual, amorosa sin necesidad de la existencia del affair entre Lowell y la poeta de North and South, quien era siete años mayor que él.
 

1 comentario:

  1. ¿Ya te había dicho que intentaría leer poesía este año? Lowell parece una buena opción, aunque mi tendencia me dice que primero lea su correspondencia con Bishop.

    Me gusta el poema, es como tú: muy visual.

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