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martes, 14 de diciembre de 2010

Orgullo aguascalentense



Posada fue tan grande que quizá un día se olvide su nombre.
Está tan integrado al alma popular de México,
que tal vez se vuelva enteramente abstracto;
pero hoy su obra y vida trascienden […]
Diego Rivera


Leopoldo Méndez, Homenaje a José Guadalupe Posada, Linóleo,. 35 x 79cm, 1953. Detrás del artista, aparecen retratados Ricardo Flores Magón y Lázaro Gutiérrez de Lara, según lo imaginado por Méndez, esperando la impresión de un grabado para el periódico Regeneración.
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Si al otro lado del mar pusieron en un nicho a José Guadalupe Posada, yo no debo perder la oportunidad de hacer lo mismo en mi espacio bloguero. Pero, ¿qué se puede decir de él que no se haya dicho? Como toda figura mítica, su imagen se construye con las concepciones de los otros; en realidad, de su biografía son pocos los datos constatables debido al interés tardío que en nuestro ámbito cultural despertó su obra, la cual, también vale decir, muchas veces se nos presenta girando exclusivamente en torno de una Catrina pervertida, manoseada, poco entendida, vendida como reina insensata del día de muertos ante un público urgido de fiesta.

Dos hojas sueltas de Venegas Arroyo:“Remate de Calaveras alegres y sandungueras” y "Don Pepito Contempla a las Presentes Calaveras de Amigos y Parientes", impresiones tipográficas directas publicadas, respectivamente, en 1913 y 1902. Debajo de la hoja de Don Pepito aparecen la primera caracterización de la calavera Catrina editada en La Patria Ilustrada, el 4 de noviembre de 1889 y la cuarta estampa del "Gran panteón amoroso" (ca. 1910).
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Durante su vida, su trabajo no recibió el debido reconocimiento, fue hasta 10 años después de su muerte cuando los artistas Emilio Amero y Jean Charlot llamaron la atención del público hacia su obra, tratándola de dignificar, a este esfuerzo se sumó el trabajo de recuperación realizado por Frances Toor, escritora y periodista estadounidense abocada al folclore mexicano, quien en 1928 terminó por publicar 608 trabajos de este grabador aguascalentense realizados a partir de 1888 hasta 1912.
En este grabado, publicado en el Jicote (9 de julio de 1871), aparecen figuras de la diputación de Aguascalientes; subiendo un palo encebado apuntalado por Jesús F. López, se encuentran Librado Gallegos, oficial gubernamental y candidato por Rincón de Romos, y Francisco Gochicoa, diputado federal. en la parte superior se halla una cotorra en su arillo que representa a Agustín González, colaborador cercano del gobernador Gómez Portugal. A la izquierda aparece Francisco G. Hornedo, entonces diputado a favor de las causas gomista, prestándole apoyo a Julio Pani que se presentaba como diputado suplente por el oficialismo. A la derecha se le ve haciendo uso de un catalejo a Juan G. Alcázar, diputado secretario.
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Ahora, todos sabemos que la caricatura política fue su pasión, sus valientes cartones se publicaron en periódicos como El Jicote, editado por José Trinidad Pedroza, opositor de la política de Jesús Gómez Portugal1, o el famoso periódico anarquista iniciado por Daniel Cabrera y más tarde editado por los hermanos Flores Magón, El Ahuizote, pero pocos saben que, además de desarrollar su agudo trabajo con temas políticos, plasmó su creatividad en ilustraciones para cuentos, silabarios, carteles y anuncios comerciales y que hasta hizo estampería religiosa.
Jesús Gómez Portugal, gobernador de Aguascalientes, patea a Benito Juárez, mientras permanece a lado de Sebastián Lerdo de Tejada, candidato a la presidencia en las elecciones de 1871, quien está muy sentadito en una silla, en el extremo izquierdo se encuentra "la Cotorra" González.
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Sea cual sea el tema abordado por Posada, lo cierto es que su técnica depurada logró que su obra fuera una verdadera filigrana conceptual a la altura de los grandes maestros del grabado; hablar de él es hablar de uno de los dotados de este arte, como Dürer, Holbein, Callot, Goya y Daumier. Lo mismo manejo el buril, la gubia o el lápiz litográfico y cualquier tipo de plancha ante él se rendía. Al respecto, Carlos Monsiváis escribió en el catálogo de la exposición Posada y la prensa ilustrada; signos de modernización y resistencia2 lo siguiente:
En la plancha de metal, planchas de madera o en piedras tipográficas, entre cambios técnicos de litografía o grabado de madera o metal, Posada, sin aspiraciones didácticas, se dirige a un público básicamente iletrado, que antes de él existía de modo distinto y cuyas nociones de realidad o irrealidad se afirman en la contemplación de sus grabados.

Podemos observar cómo, cual si fuese canto llano, sorteó las dificultades propias de una y otra técnica e hizo posible la comunicación con un vasto público que poco o nada sabía leer; tan fácilmente se comunicó con ellos a través de la estampa que nunca llegaron a sospechar la dificultad intrínseca de conformar otro lenguaje al empuñar certeramente una herramienta contra una placa; pareciera simple, pero implica una gran concentración y una capacidad de abstracción rigurosa. Cuando de grabar se trata, es fácil tirar por borda horas y horas de trabajo intenso, así que sólo un artista en posesión de la maestría puede ser prolífico; Posada produjo una obra calculada en unas 20 mil estampas originales cuyo tiraje ronda la asombrosa cantidad de 5 millones, todas ellas signadas “G.R. Posada” o “G.R.P”, cabe señalar que la inicial “R” en un tiempo dio mucho en qué pensar, ya que en las tres actas que se tiene de él (bautizo, matrimonio y defunción) no aparece nombre alguno que le de origen.Su creación se puede clasificar en tres etapas. La primera data de 1871, cuando comienza a presentar sus estampas políticas de ideología liberal publicadas a lo largo de 11 números en el ya antes mencionado periódico “El Jicote”, luego de tres años de trabajar como aprendiz en el obraje de Pedroza, quien a su vez cultivara el oficio en la compañía tipográfica de su tío, don José María Chávez. Durante este periodo se formó a lado de personalidades como Vicente Trillo, Jesús López y, por supuesto, los primos de Pedroza, Martín, Sóstenes y Pablo Chávez. Tras ser atacada la empresa editorial de su mentor, aquél y Posada se trasladan a la vecina ciudad de León, Guanajuato, allí establecen una nueva imprenta —en la calle del Indio Núm.14— dedicada exclusivamente al arte comercial cuyo quehacer marca la segunda fase de producción que se extiende hasta 1888.
Á la hora que empezó á desatarse la tempestad, reportaje gráfico atribuido a Posada, el cual fue publicado el 9 de julio de 1888 en  La Patria Ilustrada sobre la inundación de León acaecida el 18 de junio del mismo año. 
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Ya que desde entonces León se perfilaba como una ciudad industrial, pronto tuvieron en sus puertas a productores que requerían de las artes gráficas para hacer publicidad a sus mercancías, por lo que de esta época se pueden encontrar cuantiosas etiquetas de cigarros, cerillos, vinos o dulces, inspiradas en los trabajos de la compañía litográfica Loreto, así como tableros de juegos de mesa y estampería religiosa, que son obra de nuestro hoy loado personaje.

Francisco Díaz de León se refirió a tales miniaturas como deliciosas viñetas en las que abundan los arabescos y las ornamentaciones vegetales3. La actividad realizada por esos años fue complementada con el ejercicio del magisterio en la Escuela de Artes y Oficios de León en donde impartió el taller de litografía. Para 1873, Pedroza regresa a Aguascalientes y deja el negocio a cargo de Posada y tres años más tarde se lo traspasa; reubicada en la calle de cárcel, la imprenta empieza a producir trabajos más experimentales, pues el estilo de posada ya aflora y para 1888, tras la inundación de León, es tiempo de dar un nuevo paso. A mediados de ese año, se traslada a Ciudad de México para consolidar su obra con más contenido social, la de su tercera etapa, en ella retrata a los grupos que conforman la sociedad de su tiempo; la relación entre los distintos estratos, los conflictos aguzados por la desigualdad social, los vicios, las modas y las conductas sociales.

Sus herramientas son usadas para criticar, sin reprimirse un ápice, a un régimen que tachaba de feudal y esclavista. Asimismo, es el momento de los grandes encuentros que nutren su ideología: se retroalimenta con la obra de Manuel Manilla y en 1890, aproximadamente, conoce al editor Antonio Vanegas Arroyo y al hijo de éste, Blas, así comienza a trabajar con ellos en La Gaceta Callejera y, además, se da su maña para alternar este trabajo con su colaboración en otras publicaciones como La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote o Nuevo Siglo e, incluso, trabajar en la imprenta de Irineo Paz, al cual ya conocía desde antes de llegar a la capital del país, más tarde pudo instalar su propio taller, primero en la calle de Santa Teresa, hoy Licenciado Verdad, después en el número 5 de Santa Inés, actualmente conocida como la calle de Moneda, muy cerca de la Academia de San Carlos. En su sobrio obraje, Posada comenzó a ser una figura esencial para las generaciones venideras, aunque él nunca llegó a enterarse de ello. Diego Rivera decía que en su paso por la academia conoció a don José Guadalupe y contaba que le gustaba asomarse al taller de éste para ver un grabado que reproducía el Juicio final de Miguel Ángel.
Manuel Manilla. Colección de portadillas (4), Zincografías sobre cartoncillo y una estampa

Igualmente, artistas como José Clemente Orozco, Leopoldo Méndez, Francisco Goitia y, por supuesto, Francisco Díaz de León4 vieron en él un ejemplo a seguir y es innegable que su legado incitó la creación del Taller de la Gráfica Popular creado en 1937.

Leopoldo Méndez, Concierto sinfónico de calaveras, xilografía, 1943

En nuestra plástica, José Guadalupe Posada es una figura esencial, Antonio Acevedo Escobedo5 se expresa de él como,
Curiosa mezcla de Goya y Balzac que aprisionó en imágenes sumarias —blanco y negro—, con trazos tan verídicos como el latir de las arterias , el tumulto de la vida mexicana en todas sus manifestaciones populares […]
Y sobre su obra apunta que,
[…] sobre todo este orbe de evidencias y sanciones disimiles, se alza obstinada la presencia de la Muerte, en serio y en broma, con lutos de tragedia o con la sonriente mueca adecuada para subrayar la intención burlesca de cualquiera de esos corridos que solazan el alma del mexicano en plenitud de euforia.
Gran panteón de calaveras, cincografía, 23 x34.5cm, 1900
Es la muerte la que reclama conciencia ante un escenario carnavalesco, y es con este rostro crítico que nuestro grabador se hermana con Hans Baldung Grün, Nikolaus Manuel Deutsch, Albert Dürero o Hans Holbein pero sobre todo con Paolo Vincenzo Bonomini, el Borromini, y James Ensor.
1) José Guadalupe Posada, El nacimiento de Venus (circa 1912); Paolo Vincenzo Bonomini, llamado Borromini, El pintor  (circa 1800); Hans Baldung Grien, La dama y la Muerte (obra firmada con monograma y fechada en 1515); Alberto Durero, Muerte y jinete (1510); Niklaus Manuel Deutsch, Alegoría de la Muerte (circa 1515); Hans Holbein, "La Muerte y el buhonero", de la serie de 41 grabados del tema Imageries Mortis conocida como Danza de la Muerte (1538).

Ensor y Posada fueron contemporáneos, aunque ninguno supo de la existencia del otro, o al menos eso tengo entendido. El primero, nació en Bélgica en 1860, siendo así tan sólo ocho años menor que Posada, la etapa más productiva y con más carácter de ambos, tiene lugar a partir de los últimos años de la década del ochenta del siglo XIX, período en que los dos artistas plasman una crítica del hombre en su entorno social y en su circunstancia política, sin embargo la manera de trabajar de ellos es diametralmente opuesta; el creador belga salta de la pintura al grabado —produciendo aguafuertes y puntas secas, sobre todo—, empieza a grabar en el clímax de su carrera artística metiéndose de lleno en la técnica y echando a perder muchas placas y recuperando otras tantas al encontrar soluciones en el mismo accidente, el aguascalentense, en cambio, realiza toda su obra bajo el sello de lo probado, ni en su época más experimental se dio permiso de exponerse su trabajo ante lo incidental, por lo que resulta curioso que muchos de sus críticos se aferren en distinguirlo como un artista del pueblo dotado de una capacidad innata para el dibujo y gran imaginación, algo de lo que difiero ampliamente, ya que, para lograr lo que logró con sus grabados, hace falta poseer un rigor académico absoluto; lo que nosotros vemos impreso en sus estampas deja velado, al menos para todo aquel que no está relacionado con la técnica, el proceso creativo. Un diestro y fantasiosos dibujante no hace por sí a un buen grabador; o una de dos, para ser un buen grabador se necesita ser osado, para de antemano prever el accidente, como Ensor, o ser un artista forjado con el dominio técnico, como el caso de Posada. La llamada obra popular salida de un espíritu ocurrente, esconde, entonces, un sólido conocimiento formal.



La personalidad modesta y reservada de Posada contribuyó a arraigar los falsos conceptos que se tienen de su obra, sin ninguna autorreferencia del ejercicio implícito en su quehacer, éste, al igual que él, ha pasado a la historia transfigurado. Lo que solemos admirar en Posada, en su obra, en su Muerte Catrina, es el efecto despojado de su origen.

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1 Político y comandante militar aguascalentense que desde esta entidad apoyó a Benito Juárez a través de las fuerzas del Partido Liberal Sincero. Posteriormente, fue electo como el noveno gobernador del estado, gracias al favor de una elite supuestamente liberal que sustentaba al denominado Club de la Reforma, pero que en realidad integraba a algunos personajes que otrora fueran partidarios del Imperio. En 1867, para cumplir con tan sólo una de sus promesas electorales, fundó la Escuela de Agricultura, primera institución de educación superior de Aguascalientes.
2 Museo Nacional de Arte, Posada y la prensa ilustrada… México, 1996,
3 José Rogelio Álvarez, Enciclopedia de México, Volumen 10, México, SEP, 1978, p.411
4 Artista aguascalentense, hijo de un renombrado tipógrafo avecindado en el barrio de Triana. Fue alumno de Saturnino Herrán y más tarde, cuando se fue a residir a Ciudad de México, impartió clases de grabado en San Carlos y fundó la Escuela de Pintura al Aire Libre de Tlalpan. También se destacó como editor, función que desarrolló en el Instituto Nacional de Bellas Artes.
5 Periodista y escritor nacido en 1909 en Aguascalientes, Colaboró en los periódicos El Nacional, Excélsior y el Universal Ilustrado. Es digno de rememorar que Acevedo vivió inmerso en los rotativos desde su niñez, ya que a la edad de diez años empezó a trabajar en una imprenta como aprendiz de cajista.

1 comentario:

  1. Leyendo esta entrada recordé que en mis manos tengo copias de algunos años de dos periódicos de Aguascalientes que me he propuesto trascribir el próximo año para no perder su información. Me encanta tu entrada, como siempre, tan llena de datos y reflexiones.

    Me declaro una total ignorante de Posada y me alegra que tú puedas darme luces.

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