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domingo, 17 de enero de 2010

El colgado: in memoriam...



Silvia Teresa Flota Reyes, La suicida y la muerte


"El Colgado"
Sylvia Plath

Por las raíces de mi pelo, algún dios se apodero de mí
Me convulsioné en sus azules voltios igual que un profeta del desierto
La noche se perdió de vista como los párpados de un lagarto:
Un mundo de calvos días blancos conectados a un enchufe sin sombra
Un aburrimiento de buitres me clavó en este árbol.
Si fuera yo, haría lo que hice.

(La traducción es mía)


The hanging man
By the roots of my hair some god got hold of me.
I sizzled in his blue volts like a desert prophet.
The nights snapped out of sight like a lizard's eyelid :
A world of bald white days in a shadeless socket.
A vulturous boredom pinned me in this tree.
If he were I, he would do what I did.





CUENTO DE INVIERNO

La luz del viento entre los pinos, ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?
Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.
Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana, en complicidad con el viento de la medianoche.


Alejandra Pizarnik en Extracción de la piedra de locura

Pendiente

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
Furioso, Belcebú rasga sus violines!
Arthur Rimbaud

Pies desprendidos por la percusión del miedo
grabado en el surco de un corazón hermanado.
Tu alma se eleva sobre tu laxo cuerpo
enrojeciendo la faz del atardecer furioso.
En tanto te miro, me planto a esperar el golpe
arrojado con el eco tardío: planta, tacón, punta;
y la puta muerte repunta dejando sin aire tu plexo.
Allá, en el celeste infierno, rasguñado por el cierzo
das el santo y seña al vacío irrevocable
en representación del gesticulador títere negro.
A buena hora advierto en tu grave rostro
unos ojos huecos, remedo de dos mundos desolados;
el tuyo y el mío enviciados de querer vivir en otro hálito

Qué te bajen ya de esa viga
Qué compongan tu lengua enredada






¿Está la Bruja Negra ahí?


[…] bajé con precaución los empinados peldaños de la escalera, tocando al propio tiempo en mi tambor, si no recuerdo mal, aquella cosa que mete miedo y lo disipa: "¿Está la Bruja Negra ahí? ¡Sí, sí, sí!
[…] después de todo, la actitud de un ahorcado resulta tan normal y natural como la vista, por ejemplo, de un hombre que anda sobre las manos, que se sostiene en equilibrio sobre la cabeza o que pone realmente una triste figura al montar sobre un penco de cuatro patas para cabalgarlo.
Günter Grass, El tambor de hojalata 

VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA

Esta lila se deshoja,
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así 

Alejandra Pizarnik, Extracción de la piedra de la locura
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