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roja como los sueños de los negros mirlos.

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

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viernes, 26 de marzo de 2010

ojo; el ovillo de la locura

Siempre he pensado que los ojos son ovillos de pasiones, hace unos días leí el adelanto que club cultura nos regala del libro que Werner Herzog escribió simulando un diario de su genial película de Fitzcarraldo, Conquista de lo inútil, y me topé con la constatación de mi idea :

Iquitos, 19 | 7 | 80
En Belén, lugar que me atrae una y otra vez sin razón, una mujer vendía sopa que servía de un gran caparazón de tortuga. Un viejo chino, sentado en un portal allí cerca, movía la mano enérgicamente, como si tirara de un hilo que saliera del interior de su ojo. Estaba loco, por lo tanto muy alejado de las costumbres humanas, y tan absorto en aquella exclusividad extrema que no sólo atrajo mi atención, sino la de todos los que tomaban la sopa de la mujer. Como forzados a ello, todos lo mirábamos con disimulo, avergonzados de que alguien pudiera sorprendernos mientras lo observábamos. Nunca he visto nada que se acerque a la intensidad con la que se sacaba aquel hilo imaginario del ojo, y cuando luego he pasado delante de él con la moto, ha levantado los ojos lentamente y me ha mirado de modo tan penetrante y con la cara tan llena de locura que he sentido miedo. Perseguido por su mirada, en el camino he perdido la canasta de mimbre que llevaba amarrada a la parte trasera de la moto y no me he dado cuenta. Pero tampoco he querido regresar a buscarla. El cielo se ha puesto negro y rutilaba, mudo, por los rayos lejanos. Al llegar a casa he metido todo lo que estaba tirado fuera. El cielo incuba una batalla colérica, el cielo trama algo oscuro.

El ojo en la literatura canaria

Pues ya casi para cerrar el ojo, lo abro lo más que puedo hasta alcanzar visiones insulares. Hace tiempo que ando encantada con Agustín Espinosa, lo vi primero en una foto que aparece en el Diccionario Abreviado del Surrealismo, luego lo leí en un viaje, después me interesé más y más en él; y como consecuencia de este interés, ahora tengo todos los números de GdA, revista de arte y literatura en la que participó junto a otros personajes de la vanguardia canaria, además, he escrito tres textos y dado una ponencia sobre su obra, pero nunca había sabido como presentárselos en la cesta de cerezas, bueno, ahora lo hago gracias a este artículo de Melchor Padilla publicado en Lo que pasa en Tenerife:

Tenerife surrealista
En 1935, los ojos de todo el mundo estaban puestos sobre Tenerife. Ese año fue el que acogió la Segunda Exposición Surrealista, una muestra cultural internacional que reunió en las estancias del desaparecido Ateneo de Santa Cruz obras de Picasso, Dalí, Arp, De Chirico, Max Ernst, Magritte, Tanguy y Óscar Domínguez.

De espaldas: Benjamin Peret y Agustín Espinosa; de frente: Jacqueline Lamba, André Breton, Eduardo Westerdahl y Pedro García Cabrera

En el año 1935 tuvo lugar en nuestra isla un acontecimiento cultural de magnitud mundial. Entre los días 11 y 24 de mayo abrió sus puertas en el desaparecido Ateneo de Santa Cruz la Segunda Exposición Surrealista. En ella figuraban algunos artistas que hoy forman parte de la primera línea de la historia del Arte. En la sala del edificio de la Plaza de la Candelaria colgaron sus óleos Picasso, Dalí, Arp, De Chirico, Max Ernst, Magritte, Tanguy y Óscar Domínguez. También se pudo contemplar la obra de Duchamp, Man Ray o Dora Maar.

André Breton, iniciador y principal teórico del movimiento, definió el Surrealismo como un puro automatismo que permitía la verdadera expresión de la mente humana. Se trataba pues de que la razón no influyera en la creación, para lo que se recurría a juegos o actividades casi hipnóticas. Hay que tener en cuenta que el movimiento surrealista se desarrolló en un momento histórico, el segundo cuarto del siglo XX, en el que había un gran interés por el conocimiento de la psicología humana gracias a las teorías sobre el subconsciente de Sigmund Freud. Los surrealistas plasmaron en sus obras un universo onírico, inquietante y sensual, terrible y obsesivo.

Para entender el desarrollo de la exposición de 1935 es necesario tener en cuenta la fundación en Santa Cruz de la revista Gaceta de Arte por el crítico Eduardo Westerdahl, al que acompañaron en la aventura escritores como Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera, Domingo López Torres, Agustín Espinosa y Emeterio Gutiérrez Albelo. Esta revista se decantó desde sus inicios por la defensa de las vanguardias arquitectónicas y artísticas europeas, no cesando su actividad hasta junio de 1936, pues vio interrumpida su trayectoria por el golpe de estado franquista.

No obstante, esta exposición no habría sido posible sin la colaboración del pintor tinerfeño Óscar Domínguez, quien puso en contacto a los tinerfeños con los líderes del surrealismo francés.

El 4 de mayo de 1935 llegaron a Tenerife, en el vapor noruego San Carlos, el papa del movimiento surrealista André Breton, su esposa Jacqueline y el poeta Benjamin Péret. No pudo desplazarse a la isla el poeta Paul Eluard, pues se encontraba enfermo. Cuenta Pérez Minik que, para hacerlos venir, Westerdahl, Agustín Espinosa y él mismo tuvieron que firmar una letra por unas 4.000 pesetas de aquella época, que no terminaron de pagar hasta diez años después pues, pese a las promesas del Cabildo Insular, no obtuvieron ninguna subvención pública.

La prensa local se hizo eco inmediato del acontecimiento. La Prensa afirmaba el 7 de mayo que "la exposición de pintura moderna que hemos venido anunciando (…) constituye una de las manifestaciones más importantes de arte actual que se han verificado en España". El diario La Tarde, que comentaba el día 11 de mayo la inauguración de la exposición, afirmaba que su "trascendencia marca una fecha histórica en el movimiento de las ideas artísticas de nuestra isla". Pero no toda la prensa tinerfeña se mostró tan partidaria de la exposición, pues el periódico católico conservador Gaceta de Tenerife desarrolló una intensa campaña en contra de esta actividad cultural. Llegó a afirmar en un artículo escrito por una supuesta dama de Santa Cruz, Pura Realidad, que "varios enfermos con imaginación ya en el último grado se dieron cita para saber quién pintaba más disparates". Las obras fueron puestas a la venta, pero no hubo nadie interesado en adquirirlas.

Durante su estancia en la isla se desarrolló un programa de conferencias entre las que destacó la de André Breton en el Círculo de Amistad XIV de Abril del Puerto de la Cruz, en la que intervinieron también Agustín Espinosa y Pedro García Cabrera.

El día 24 de mayo –tres días después de lo previsto- se clausuró la exposición y el día 27 regresaron los visitantes a París en un buque platanero.

El día 2 de junio estaba prevista la proyección en el Cine Numancia de la película La Edad de Oro de Luis Buñuel, uno de los ejemplos más representativos del surrealismo cinematográfico. Los organizadores de la exposición habían puesto sus esperanzas en recuperar el dinero invertido en la misma con el pase de esta película, pero la campaña desarrollada en su contra por el diario católico conservador -la tildaban de pornográfica, inmoral y anticlerical- hizo que el Gobernador Civil prohibiera su exhibición.

Como resultado de esta Segunda Exposición Surrealista se redactó el número 2 del Bulletin International de Surréalisme en el que se incluye el Manifiesto Surrealista firmado por Breton, Agustín Espinosa, Domingo López Torres, Benjamin Péret, Pedro García Cabrera, Eduardo Westerdahl y Domingo Pérez Minik. André Bretón dejó constancia de su presencia en Tenerife en su obra El castillo estrellado. Como afirma el escritor colombiano Rafael H. Moreno-Durán, la exposición "significó el reconocimiento de un grupo de artistas y poetas que, a espaldas de los cánones estéticos del centralismo peninsular, se habían comprometido (…) con una sensibilidad afín a sus inquietudes (…), convirtiendo así la insularidad en universalidad".

El golpe de estado franquista y la brutal represión subsiguiente truncaron radicalmente el desarrollo de este pujante movimiento cultural en la isla. Los miembros de Gaceta de Arte fueron represaliados en mayor o menor medida. Pérez Minik fue detenido en Fyffes; Agustín Espinosa fue separado de su cátedra de instituto; Pedro García Cabrera (preso en los barcos prisión) logró huir de Villa Cisneros; y Domingo López Torres fue arrojado al mar enfundado en un saco cuando tenía 29 años. Todos ellos gozan hoy de reconocimiento internacional.

Ateneo de Santa Cruz, Tenerife, 1935. De izquierda a derecha: Domingo López Torres, Benjamin Péret, Eduardo Westerdahl, Jacqueline Lamba, André Breton, Agustín Espinosa, Juan Antonio de la Rosa y Domingo Pérez Minik.

Si les interesó este artículo, haciendo click aquí, podrán descargar mi trabajo "Para un conocimiento de un Bu de la literatura excéntrica"

o verlo gracias a issuu.com

miércoles, 24 de marzo de 2010

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

A mí la vida se me va sin sueño, no me sirve contar ovejas naturales o eléctricas ni nada, por que el ojo despegado no tiene arreglo, ¿a quién recurrir? no me lo llenó un científico ni me lo vació un demiurgo; todos los días me lo llena la suerte, el cielo y la luna inflamada y me lo vacía la añoranza, la soledad y la muerte, así que no hay manera de dormir cuando la imagen eidética crece espinada, y esta noche pensaré en ese chico hermoso que retrató Tessa  y en su soledad y el ojo estará atento al movimiento del caballito de mar en mi cerebro, por eso, sí, otra vez Lorca y otra vez el recuerdo de mi soledad ante el Hudson y cualquier otro río.

CIUDAD SIN SUEÑO
(NOCTURNO DE BROOKLYN BRIDGE)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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