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sábado, 11 de septiembre de 2010

Algo sobre la velocidad de la luz


[…] Mi amigo se llamaba Marcos Luna, era de Gerona como yo y en realidad era más y menos que un amigo: habíamos crecido juntos, habíamos jugado juntos, habíamos ido juntos al colegio, teníamos los mismos amigos. Desde siempre Marcos quería ser pintor; yo no: yo quería ser escritor. Pero habíamos estudiado dos carreras inútiles y no teníamos trabajo y éramos pobres como ratas, así que ni Marcos pintaba ni yo escribía, o sólo lo hacíamos en los escasos ratos libres que nos dejaba la tarea casi excluyente de sobrevivir. Lo conseguíamos a duras penas. Él impartía clases en un colegio tan infecto como el piso en que vivíamos y yo trabajaba a destajo para una editorial de negreros
(preparando originales, revisando traducciones, corrigiendo galeradas), pero como nuestros sueldos de miseria ni siquiera nos alcanzaban para pagar el alquiler del piso y la manutención aceptábamos todos los encargos suplementarios que conseguíamos arañar aquí y allá, por peregrinos que fuesen, desde proponer nombres a una agencia de publicidad para que ésta eligiese entre ellos el de una nueva compañía aérea hasta ordenar los archivos del Hospital de la Vall d'Hebron, pasando por escribir letras de canciones, que nunca cobramos, para un músico que boqueaba en dique seco. Por lo demás, cuando no trabajábamos ni escribíamos o pintábamos nos dedicábamos a patearnos la ciudad, a fumar marihuana, a beber cerveza y a hablar de las obras maestras con las que algún día nos vengaríamos de un mundo que, a pesar de que aún no habíamos expuesto un solo cuadro ni publicado un solo cuento, considerábamos que nos estaba ninguneando de forma flagrante. No conocíamos a pintores ni a escritores, no frecuentábamos cócteles ni presentaciones de libros, pero es probable que nos gustara imaginarnos como dos bohemios en una época en la que ya no existían los bohemios o como dos temibles kamikazes dispuestos a estrellarse alegremente contra la realidad; lo cierto es que no éramos más que dos provincianos arrogantes perdidos en la capital, que estábamos solos y furiosos y que el único sacrificio que por nada del mundo nos sentíamos capaces de realizar era el de volver a Gerona, porque eso equivalía a renunciar a los sueños de triunfo que habíamos acariciado desde siempre. Éramos brutalmente ambiciosos. Aspirábamos a fracasar. Pero no a fracasar sin más ni más y de cualquier manera: aspirábamos a fracasar de una forma total, radical y absoluta. Era nuestra forma de aspirar al éxito.
Una noche de la primavera de 1987 ocurrió algo que no tardaría en cambiarlo todo […]

Javier Cercas, La velocidad de la luz, Barcelona, Tusquets, 2005, pp.15-17 (Andanzas).

Esta es mi recomendación. Imagínate ser como los tíos descritos en estas líneas o si, como yo, te asemejas a ellos, imagínate lidiar de golpe con la realidad, una realidad imposible que yace más allá de nuestras seguras penas gremiales. Si bien, Soldados de Salamina es la gran obra de Cercas, su Velocidad de la Luz es mi libro, a ver a ti qué te parece.

viernes, 10 de septiembre de 2010

2 x 1


"Hidalgo en Aguascalientes" obra de teatro que se presenta en el recién reinaugurado museo de la Insurgencia.
a cargo del grupo ACTOPUS.
Espectáculo dirigido a los niños, pero igualmente interesante para los adultos organizado en apoyo de “Alas y Raíces de Aguascalientes”



Ex Hacienda de Pabellón de Hidalgo.
Miércoles 15 / 9:00 y 11:00 / Escuelas (previa reservación); jueves 16, viernes 17 y sábado 25 / 19 hrs. / Para todo público; domingo 26 / 13 hrs. / Para todo público.

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El CIELA invita a una celebración más de la palabra. Esta ocasión, contará con la presencia del escritor mexicano Enrique Serna, quien dará a conocer su Sangre Erguida. Los colaboradores de este espacio esperan contar con su asistencia y que esta serie de presentaciones siga haciendo honor a la literatura producida en el país.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Y tú, ¿tienes chincual?


El otro día Mine hizo referencia a un estado intranquilo usando el mexicanismo chincual, lo cual dio pauta a que habláramos del origen de este vocablo. ¿Sabes si tienes chincual o si alguna vez lo has tenido?, ¡a que sí!, todos, al menos de chamaquitos, lo hemos padecido, sin embargo si ya de grandecillo no lo sufres más y alguien persiste en decirte chincualudo o que parece que tienes chincual, no lo tomes a mal, a mí me resulta una metáfora ingeniosa o, bien, un exacto símil. ¿Por qué digo lo que digo? Bueno, pues según sugiere Joaquín García Icazbalceta1 chincual es una palabra náhuatl compuesta del locativo tzinco, en el ano, más atl, agua, pero en este caso no se trata de cualquier agua sino de orín, por lo que el que sufre de chincual es aquél que tiene el ano rozado por la acidez que le ha producido su meadita; si te sientes inquieto, que te baste imaginar como un nene se retuerce y manifiesta gran desazón cuando su pañal esta empapado como para aceptar, sin achicopalarte, que sientes chincual .
Y hablando de chamacos, achicopalados y nenes, creo que podemos seguir metiendo cerezas en la cesta; estos tres vocablos también son considerados por algunos lingüistas como mexicanismos, aunque Corominas dude de que el último lo sea y tal vez, también, García Icazbalceta, quien de las tres palabrejas referidas sólo registra la segunda en su obra2.
Chamaco, ¡claro que es mexicanismo! Juan Clemente Zamora y Antonio Alatorre así lo consignan. Alguna versión dice que deriva del náhuatl chamahuac, que quiere decir grueso, gordo, tal vez a los lactantes se les dice chamacos porque casi todos son gorditos; otra, la de Molina, señala que la palabra chamahua aludía a la mazorca o al cacao en crecimiento; el chamaco, entonces, es como Jorge Mejía observa, un niño desde la primera infancia hasta la adolescencia3.
Achicopalarse, en algún lugar de las Memorias de la Academia Mexicana, es citado como un aztequismo eufonizado conforme a la índole del castellano, aunque yo sé que en otras latitudes de América se usa, pero puede ser que este término haya migrado, su raíz nadie la explica, pero según el DRAE, en el español de México, Honduras y El Salvador significa acobardarse, achicarse, pero nosotros sabemos que es más que eso, es estar abatido, desanimado, con el ánimo bien caído.
Nene, a pesar de lo que diga mi admirado Corominas, viene del náhuatl nenetl, muñeca, que procede de nenepilli: nenetl, muñeca, y pilli, que cuelga o procede de otra. A los hijos se les decía pilli en sentido figurado, por ser el fruto que cuelga de un árbol4, por ello los indigenismos pilcate y pilguanejo también son formas de denominar a un niño, sólo que en sentido despectivo: pillitzáctic, de pilli, hijo o niño, tzáctic, sucio y pillihuanejo que realiza una hibridación con el sufijo español –ejo.
Y ya andando con niñerías pues nos metemos con el escuincle y el chilpayate ¿no? Escuincle es un indigenismo de tono peyorativo, ya que la acepción prístina de itzcuintli es perro; a esto se le aumente el sentido de perro indócil, callejero de aspecto desagradable, como lo son los niños impertinentes, aunque Lara añade que el vocablo nombra a un joven inexperto5. Por su parte, chilpayate, de acuerdo con el diccionario de Santamaría viene del azteca chilpayatl, pero no se da detalle de su étimo. El carácter que tiene puede ser cariñoso o despectivo, cuando es afectivo refiere a un bebé, además, en plural refiere a la prole.
Y bueno, como ya no me cuelga nada, ni un nenepilli de un cerezo, ahí los dejo… por ahora.

Vocabulario de mexicanismos, Academia Mexicana de la Lengua, p.153
En la página 395 del texto Estudios de cultura náhuatl: Volúmenes 31-32 se concede un espacio para analizar el uso de las acepciones chamaco, chilpayate y escuincle.
Investigaciones lingüísticas: Volumen 5, Núm. 1-2, p.228
Luis Fernando Lara, Diccionario del español usual en México, p.400

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mi amiga Elena Blasco


Para terminar con mis deudas de mi primer trienio resta únicamente hablar de mi amiga Elena. Sí, creo que eso es esencial, cómo puedo andar publicando esto y lo otro sin ni siquiera aludir la presencia en mi vida de alguien tan excepcional; porque cualquier persona que haya lidiado conmigo durante largas horas seguidas o, aun lo más difícil, emprendido un viaje a mi lado —no importando cuántos fueran los kilómetros de la trayectoria— y, después de eso, haya mantenido el ánimo suficiente para dirigirme la palabra, debe de ser EXCEPCIONAL. Aunque no se piense que en ello reside la extravagancia de Elenota; mucho más remarcable es su espontaneidad, su modo de destruir el mundo para reconstruirlo de manera más lúdica y su tenacidad de ser lo que se quiere ser.
Déjenme que les cuente algo sobre ella, y no desesperen si al principio lo que relato pareciera una llana digresión. Ayer, al salir de ese trabajo que me ocupa y que en realidad es mucho más que trabajo, diría, pues, recomenzando de manera más exacta… el pasado 7 de septiembre, siendo las 4:40pm, tras cumplir mi ordalía, cabizbaja y derrotada, observé a dos chicos transexuales asumir la vida de manera tan alegre (realmente gay), que me dije “¡Qué feroz es poder ser tan feliz escuchando a tu voz interna mascullando: Plántate a tu gusto por el corredor de la vida”. Entonces, abrevié todo lo que pasó por mi cabeza en una sentencia, “debo ser lo que yo quiero ser”, sin embargo, de pronto me infligí severo golpe en la razón, “pero es imposible, ve en lo que se convirtió Oskar Matzerath, ¡en un fenómeno!” Ahora, si bien, en estos tiempos transgresores es una práctica común cambiar de sexo, yo no quiero cambiar de sexo, yo quiero cambiar de edad. NO QUIERO SER TRANSEXUAL, QUIERO SER TRANSEDAD. Luego casi lloro por darme cuenta de que ya no puedo ser niña y que si estoy dale y duro con eso, terminaré con un tambor escondido en la deformidad de mi cuerpo. Seguro que no logro tal objetivo porque este es un portento, sólo un ser EXCEPCIONAL puede lograrlo, Elena lo logró, es toda una transedad.
Mi amiga, la transedad, es cada día más dichosa con la juventud que se devuelve con sus cirugías diarias, en las que los pinceles son el más fino escarpelo; ¡cuántas arrugas se quita estirando el lienzo o preparando un papel! Igualmente, con un snap shot modifica su material genético. Si no la conocen, la presentó ahora para que vean qué niña tan grande es y que fantasiosa es su ferocidad de caperuza montadora de mil lobos.




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