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Aguascalientes, Aguascalientes, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

snapshot...smile please

Algunas veces, soy exactamente lo que odio, una perra rabiosa encegueciendo en el preciso minuto en el que tu belleza pura resplandece ...así que por eso no te conozco aún, no de la forma como el ojo conoce, pero puedo olerte...dulce amargo designio, y puedo beberte. Sabes a martini seco mezclado con la salada desproporción de la mano sangrante que sostiene la copa.

Sometimes, I'm just what I hate; a she mad dog getting blind in the exact minute when your mere beauty shines...so that's why I don't know you yet, not by the way the eye knows, but I can smell you...bitter sweet design, and I can drink you. You taste as a dry martini mixed with the salty disproportion of the bleeding hand that holds the cup.

Algunes vegades, sóc exactament alló que odio, una gossa rabiosa encegant al precís minut en què la teva bellesa pura resplendeix... així que per això no et conec fins i tot, no de la forma com l'ull coneix, però puc olorar-te... dolç amarg designi, i puc beure't. Saps a martini sec mesclat amb la salada desproporció de la mà sagnant que sosté la copa.

¿Notaron algo nuevo?

Pues sí, ahora se muestran sólo las tres últimas entradas en la página principal; esto es para parecer más mágica con el numerito (y para que no se les pasme el ordenador), pero recuerden que siempre hay la opción de ver entradas por etiquetas, así que no la desperdicien, también espero que alguien llegue a probar una de mis cerezas por mero azar al otear en busca de un tema distinto en el ciberespacio...je,je,je.

Reconstruyendo

Photobucket

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que cada semana aquí les iré enlistando aquellas entradas que ya tienen de nuevo sus imágenes:

30 de abril al 6 de mayo de 2012

Orgullo aguascalentense

Günter Grass; entre las letras y la plástica

El ojo en la literatura canaria

Carta de Auguste Rodin a Camille Claudel

LA CAMPAMOCHA

[…] Descubrir el camello no es más extraño que descubrir el espejo…

La mala fama del cencuate

El ahuizote; más temible que la cola de un huracán

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jueves, 6 de enero de 2011

El instante iluminado


El espíritu de la colmena (1973), es el primero de los tres largometrajes concebidos por un director que me resulta sumamente exquisito, tal vez por mi vena pictórica, Víctor Erice, quien con su trayectoria nos confirma que muchas veces es mejor sacrificar la cantidad de producción en aras de conseguir obras bien reposadas y con atmósferas cautivadoras que nos quedan en el recuerdo como una sensación que revela misterios cada vez que se evoca.
Vi de niña la peli y me produjo tal fascinación que no tengo la cuenta exacta de cuantas veces la he vuelto a ver. El argumento de ella se desarrolla a partir de una idea que le otorga el nombre: El espíritu de la colmena decide […] implacablemente, pero con discreción y como si estuviera sometido a algún gran deber de las riquezas, la felicidad, la libertad, la vida de todo un pueblo alado. Regula día a día el número de sus nacimientos y los pone en estricta relación con las flores que iluminan la campiña. Anuncia a la reina de su destronamiento o la necesidad de que parta, la obliga a dar la vida a sus rivales, cría previamente a éstas, las protege de la saña política de la madre, permite o prohíbe, según la generosidad de los cálices multicolores […]. Si se les hace conocido este argumento, será tal vez porque tuvieron la ocasión de leer La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck. Así es, Erice revela la inspiración que proviene de esta obra, pero también de otra que se introduce al tejido de su creación como “unidad poética”, un mito que provoca la celebración de un acto iniciático.
Cuando comienza la película nos situamos en 1940, en un pueblito de España en el que pocas cosas ocurren para que no ocurra algo peor; es decir, en el pueblo todos se comportan de acuerdo a lo que es “pertinente”, pero, entre los sucesos extraordinarios, llega el cinematógrafo ambulante anunciando una película que trata del Doctor Frankenstein, un hombre de ciencia que intentó crear un ser vivo sin pensar que eso sólo puede hacerlo Dios. Es una de las historias más extrañas que hemos oído. Trata de los grandes temas de la creación: la vida y la muerte1.
Entre los espectadores están dos pequeñas de siete y nueve años: Ana y su hermana mayor, Isabel; la segunda quiere disfrutar de esa promesa de terror que anuncia el espectáculo, Ana quiere entender algo más: ¿Porqué el monstruo mata a la niña y le matan luego a él? 
Tras esta función, la cría seguirá empeñada en que su pregunta halle una respuesta, así pues le dará por internarse en el campo, en un inicio guiada por su hermana y respondiendo al ritual inventado por la mente de la mayor, deseando tener un rastro de aquél que le pueda responder, es decir, anda por la pradera en pos del monstruo; un día, ya vagando por sí misma, cree que por fin se ha topado con él. Este supuesto engendro, es en realidad un detractor del régimen, ella se encontrará con este hombre en varias ocasiones mediando entre ellos un silencio cómplice, finalmente, acontece la hora en que, al ir a su encuentro, lo descubre muerto, entonces sabe que el monstruo debe ser otro y no para en su obsesión hasta que, una vez, durante una larga caminata, imagina verlo reflejado en un riachuelo. En casa sus padres angustiados emprenden la búsqueda de Ana, finalmente dan con ella, pero este encuentro no se compara con el que ha tenido la niña, quien verá su mundo transformado al responderse su pregunta sorteando el hecho de que al conseguir lo que persigue, ella misma se debe instalar frente a la muerte.

1 El cineasta inserta la versión de 1931 de Frankenstein realizada por James Whale y que tiene a Boris Karloff en el papel del monstruo y a Colin Clive como el doctor.

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