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sábado, 15 de enero de 2011

Sesión mediúmnica en el librero (Triquiñuela intertextual)

A estas alturas, llegada la primera quincena de enero, todavía hago el recuento de quienes nos dejaron el año pasado. 2010, sin duda fue un año negro para el ámbito literario, especialmente el mexicano, por ello, como una manera especial de rendir tributo a 13 de los que ya no volverán a tomar una pluma para ilustrarnos, realicé esta entrada especial, espero que al igual que yo, disfruten del reencuentro con sus espíritus, puesto que, aunque lo he fraguado, como todo médium, no sin maña ni truco, es un intento de que la palabra de estos hacedores deje una impronta en nuestras vidas.
Después de un gran esfuerzo por reunir a la tercia de compinches — dos machos cabríos y una cabrona—, los cuatro se sentaron a la mesa aspirando y expirando un silencio absoluto. Antes de escuchar los tres primeros toquidos, pasan quince minutos o tal vez veinte, los relojes no están ajustados al capricho de ninguno de los presentes. Lo primero que les viene del trasmundo es un sonido como de un orinar sin término, y después un ruido de estática que se podría traducir como Who dares to piss me now.

S.T: Sorry Mr. Salinger, nobody wants to disturb the guardian of rye.

J.D.S: That's the whole trouble. You can't ever find a place that's nice and peaceful, because there isn't any. You may think there is, but once you get there, when you're not looking, somebody'll sneak up and write "Fuck you" right under your nose.”

S.T: I just want to have a little chat with you about your writing.

J.D.S: I like to write. I live to write. But I write just for myself and my own pleasure. ... I don't necessarily intend to publish posthumously, but I do like to write for myself. ... I pay for this kind of attitude. I'm known as a strange kind of man. But all I'm doing is trying to protect myself and my work.

No hay más que decir, algo cae sobre la mesa, es un estado de ánimo que hace que el silencio se torne cortante come aire frío. S.T. siente una irritación en las mejillas y dirige una mirada a la comparsa. Todos hacen lo suyo para que, finalmente, Mr. Salinger tenga lo que tanto deseo: una vida soterrada sin flores en el vientre.

Con tanto esfuerzo por mejorar el clima, se sienten descamisados, desprotegidos, así que se encomiendan a Santa Evita; de pronto, un intercesor aparece haciendo que el grupo fije la vista en un diario de octubre de 2009: Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado; es también, y a veces sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes. Reconocemos la voz que recupera lo escrito en estas líneas: es Tomas Eloy Martínez.

S.T: ¿Y que omisión recuperamos para hacerlo a usted presente? ¿A caso en el Purgatorio, en los treinta años de separación entre Emilia Dupuy y Simón Cardoso?

Tres golpes en la madera es la respuesta. De acuerdo con el manual de traducción se entiende que es un sí o, quizá, un si (if…).

S.T: sabe, yo estuve en Rutgers en el tiempo que usted daba cátedras allí, pero en la Escuela de Arte, no le parece una coincidencia.

Se oye un rechinido, S.T. no sabe como interpretarlo, los demás lo definen como una carcajada intelectual en honor a la estulticia. Más tarde, en clave Morse se descifra la frase “El miedo no es sólo de los Argentinos” y la comunicación se corta, las preguntas quedan por ser respondidas dentro de la bibliografía del escritor de Tucumán.
Cada uno de los integrantes del cuarteto mediúmnico comenta cosas para sí y de pronto confluyen en esa palabra oscura: MUERTE, no la conocen bien, pero avanzan hacia ella y la sola idea de su acto los espanta, pero a tiempo, surge una voz suave, femenina que cita pausadamente a Ciorán: No corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe del nacimiento. Nos debatimos como sobrevivientes que tratan de olvidarla. El miedo a la muerte no es sino la proyección hacia el futuro de otro miedo que se remonta a nuestro primer momento. De veras lo crees así Esther, preguntan a coro.
E.S: ¿Qué? ¿Qué dicen? Desde este lado ya no escucho bien… perdón por mi indigencia mi sordera. Me voy, mejor tirénle al I Ching.
¡Carlos, Carlos!, ¿no has visto a Ignacio?

C.M. No mujer, todavía tardará en llegar. Vaya, que lluvia es la que siento, parece como si caminara por la oscuridad del Cairo… ¿Qué? Dicen que estoy muerto, escucho su lejanía como otra voz, como un cuerpo irreconocible ¿Por qué se ocultan?

S.T: No, no nos ocultamos, estamos aquí y sabemos, ahora, que usted es Carlos Montemayor ¿No?

C.M: ¡Ah, sí! ¡De modo que ustedes lo saben todo! Bueno, a ver, díganme sí la noche es un aviso de lo que empiezo a ser.

Se oye otra vez una interferencia, como un radio con una aguja que no se impone ante la frecuencia deseada.

M.D: ¡Qué escuché! un espíritu atormentado; un espíritu que se adelanta a su momento y piensa en la noche cuando es de día y se reboza de antemano en la angustia de la obscuridad. Frente al sol se ha de buscar la sombra y la luz en las tinieblas.

S.T: Pero don Miguel, en el más allá, que es donde usted ahora mora, ya nadie se adelanta, ya es de noche y no hay más.

M.D: ¿Sí? Y vosotros, ¿son muy vivos? Creo que más que nunca debo pensar que son muchos los vivos que viven a costa de los muertos.

S.T: No se moleste, estamos aquí convocándolos porque desde que se fueron nos acordamos mucho de ustedes y queremos verlos de nuevo.

M.D: A mí, como ya lo hube dicho por ahí, Ya no me verán nunca mejor de como estoy ahora, se me acabo el tiempo, no tengo más que decir.

En la sesión espiritista se siente algo de desolación, acaso nuestros muertos del librero, aquellos que nos apropiamos a fuerza meter su tinta en nuestra sangre, no quieren más comunicarse con nosotros. Los tres asistentes de la médium aprietan su mano con fuerza, y rezan, aunque no saben. Sin siquiera esperarlo ya, la mesa se alza violentamente.

S.T: ¿Hay alguien aquí con nosotros? Si es así, espíritu, te demandamos que te identifiques, anda, dinos, ¿quién eres?

J.S: Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir quiénes somos para los otros.

S.T: sí, sí, y, entonces, quién eres para los otros.

J.S: Soy el nieto de Jerónimo Melrinho, el hombre más sabio que he conocido en toda mi vida, aunque no sabía leer ni escribir.

S.T: ¡Vaya! Qué grato encuentro. Para los aquí reunidos usted es un escritor al que admiramos mucho: José, nombrado Saramago. Ese es su papel de identidad ante nosotros. Sin embargo muchos quisieran saber más de usted.

J.S: Hay algo que pienso sobre esto de aparecer ante los otros en el centro del escenario, está escrito en mi cuaderno: Todo hoy es un gran escenario: es la panacea universal, porque ha hecho que todos estemos interesados en aparecer como actores. Y desvelamos nuestra intimidad sin pudor: se relatan miserias morales y físicas, porque pagan.

S.T: ¡Ouch! Esa es una verdad dolorosa, pero no se preocupe aquí no le pagaremos ni un euro si nos dice algo.

La mesa deja de levitar, golpeando el piso fuertemente. Seguir o no seguir, ese es el dilema. Pero más, más, quieren más de ellos. En el transe maldito de nuevo se busca el acto mediúmnico ¿o, quizá, mediático? Se oyen algunos golpes en la madera, algo así como ta, ta, ta, tata… ta, ta, luego la voz:

C.M: Mediático, dejemos esto claro: Hoy el eje de la política y de la vida social es el impacto mediático, una mezcla de repercusión publicitaria, noticia que puede llegar a todos los hogares y abuso visual de movimientos, tragedias y catástrofes.

S.T: ¿Hablamos también de tragedias y catástrofes personales? ¿Catástrofes como la saña de algunos medios ante las palabras del escritor comprometido con él mismo?

C.M: Bien, sí, será tragedia, será catástrofe, pero no una vergüenza para quien sigue hablando ante la indignación de aquellos que su sinrazón desemboca histeria.

S.T: Si no le importa, ¿podría hacernos un resumen crítico de su vida?

C.M: No puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales. Esfuércense por hacer nuevas comunicaciones con otros, yo ya me voy, ya me he ido, ya he quedado en una cita eterna entre líneas.

Tras esto, gira la mesa, mareando a los agentes de la muerte; luego el canto, un canto que parece una corriente eléctrica:

Urge el pensamiento conectando

¿se siente? ¿alguien entre líneas?

¿errata? ¿paréntesis? ¿qué signo?

¿escuchan?

(La claridad del lenguaje
tiene apenas
la intensidad ambigua del poniente)
Estamos aquí, lanzados a la noche
terrestre, apretujados,
aquí, en la noche terrestre, aquí
en la noche terrestre.
De nuevo el hilo
el cable roto, el deslumbrante
cortocircuito.
¿No oyen? ¿No se oye?
Palabras mías, insensatas,
hechas de furor y de locura,
cuantiosa tesitura negra
a borbotones desbordándose
hacia dentro, hacia
el fondo
interpolado de rígidas luciérnagas.


S.T: Amanda Berenguer, ¡qué oportuna es! Venga, siéntese aquí con nosotros, aquí junto a estos dos machos que se cortan ante la poesía y que poco o nada saben de usted. Ofrézcanos sus palabras sibilinas.

Los dos machos: si nos invitas a tus locuras, no ofendas.

A.B (dirigiéndose al macho siniestro):
[…] hermano mío/haremos una reunión
plañidera en las entrañas de la angustia/
el tiempo nos mira y nos engaña/
¿trampa?/¿alucinación?/ la ciruela morada
cayó del árbol/-lo siento/dijo el viento/
y pasó de largo/llevándose lo más querido/
y aquí estoy/en el borde mismo
de lo que no sabemos/en este rincón
de la casa/ te necesito/óigame quien me oiga/
¿quieres venir a llorar conmigo?

S.T: ¡Va! Éste no se conmueve con nada.

A.B (dirigiéndose al macho diestro): El estado normal de la poesía es la crisis.

Se oyen caer cosas en la habitación, aun cuando se cree que no se ha caído nada. Debe ser la poesía. Alguien se sienta en las piernas de la cabrona. Ella grita: “Quién eres, identifícate”.

G.B: No te asustes, vida. Soy un hombre buenicio.

C: Un hombre…, ¿qué?

G.B: Buenicio, con malicia que no hiere.

C: Pues aunque no hiera, no me tiente.

G.B: No te incomodes vidita, que vengo a enseñarte como vengarte a mi modo; haciéndole un favor a quien te hizo daño.

C: ¿Y quién se cree que es usted para venirme con esas?

G.B: Pues el mismito Guillermo Blanco, ingenuoso periodista, escritor y maestro y por la naturaleza que se aviva con la trinidad de mi profesión me acerco hasta ti para ayudarte, ¿sabes? Me recuerdas a una loica en la ventana.

C: ahora hasta de loca me trata

G.B: No, dije loica, un pájaro de mi tierra chilena parecido al estornino, cuyo canto es dulce y melodioso.

G.D: ¡Ay que caray! Hombre que aprecia así a una mujer es verdaderamente buenicio… estas canijas la verdad que están imparables y me atrevería a decir que vienen en un plan muy pelado. No necesito decirles que hay un rencor de siglos que ya forma parte de su programa genético. Precisamente por esto repito una vez tras otra que, en este momento de la historia, a los hombres lo que nos corresponde es pactar con las mujeres una rendición honrosa, antes de que literalmente se nos venga el mundo encima. Pero mejor colega amigo, ya que tu espíritu hoy es a fin al mío, vente conmigo para tomarnos unas chelas, aunque no estén más frías que nosotros y deja aquí a la loica antes de que ella se nos venga también encima. Germán Dehesa invita… ¡y ahora si camiones, el que éste libre de culpa que arroje la primera chela! ¡Ahí nos vemos concurridos, agarren lo que se pueda y traten de portarse bien, pues de otro modo perderán lo poquito que hayan pepenado!

La puerta dale y dale que se azota, como si fuera de cantina. Luego se oye un murmullo.

A.A: ¿Pero qué es este…, este…? ¡Pardiez, que se me extinguió también el léxico! Recuerdo las palabras maestro, más, matar, majestad, mayo, mayor, tamaño y otras muchas que tienen una historia continua de más de dos mil años, parecida a la historia de rosa, porque todas ellas proceden del latín, pero no sé por qué no recuerdo esa palabra que describe este estado aunque parte de mater, matris ligándose, déjenme pensar, a ver, a ver, a las preposiciones de y ex. Ah sí, desmadre, conducirse sin respeto ni medida.

S.T: pues este desmadre, maestro Alatorre, es debido a la sesión mediúmnica que he organizado.

A.A: Hija, esta palabra no está consignad en la RAE, aunque sí médium del lat. medĭum, medio, para referir a la persona considerada con ciertas facultades paranormales que le permiten actuar de mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o de hipotéticas comunicaciones con los espíritus. Pero no importa, la creación de palabras es aceptada cuando se sigue las normas de la lengua; en particular, esta palabra, es una creación hibrida puesto que estás usando como sufijo un cultismo helénico, ika o iko que significa relacionado con. En fin, ya me rencontrarás en otra ocasión, porque tengo que seguir cultivando. Si quieres recordarme o tienes cualquier duda lingüística, no me llames, consulta Los 1001 años de la lengua española o cualquier otro estudio entre el legajo que les he dejado o pídele alguno de sus diccionarios a Alí, tiene muchos y muy especializados. Aprovecha la oportunidad, mira ahí viene.

Cuatro pares de ojos miran hacia la puerta, pero nadie entra, bajo la mesa, pero nadie se asoma, tras sus asientos, pero nadie los respalda, sin embargo Alí llega, cruzando la ventana con un ritmo tambaleante. Camina sobre una cuerda floja, sosteniendo un libro en cada mano trata de mantener el equilibrio, aunque la falta de éste no implique más que una caída igual a la producida desde un banco. Gira la cabeza de diestra a siniestra; discierne la escritura y sopesa su corrección.

S.T: Alí, es que usted hasta aquí sigue corrigiendo libros, ¿no parará usted nunca?

A.Ch: Pues no, porque FCE nunca me jubilo, y aquí andaré como alma sin pena, leyendo y releyendo.

S.T: ¿Pensará, tal vez ahora, dedicarse un poco más a su poesía?

A.Ch: Si llegara a escribir algunos poemas, los dejaría caer desde las nubes sin editar, para que algunos curiosos los dejaran resonar en sus oídos. Pero no, se me acabó la inspiración, ya concluí.

S.T:
Si acaso el ángel me mirara,
abierta ya la niebla de mi carne,
sin nubes, sin estrellas,
sin tiempo en que mecer la luz de mi agonía,
encontraría tan sólo a ti, oh muerte,
llevándome a tu lado, fiel;
te encontraría tan sola a ti, sin mí,
ya sin cuerpo ni voz,
sin angustia ni sueños,
te hallara entonces pura, oh muerte mía.

A.Ch: je, je, je. Yo he pensado siempre que como no soy un poeta popular ni lo seré, prefiero ser escuchado por un grupo selecto, yo prefiero diez lectores inteligentes que cien tontolones, así que no se haga usted la lista.

Después de una risa coral, Chumacero, desaparece.

S.T: Bua, bua, bua

H.M: ¿Qué son estas resonancias?, ¿puro teatro?

S.T: ¿Qué?, ¿que si es puro teatro la risa de ellos y el llanto mío? No, no señor director, al menos, mi llanto es verdadero y si lo es, es porque en verdad ellos se burlan de mí. Y se dicen mis amigos, cómo puedo tener alguna certeza de que no harían algo en contra de mí.

H.M: En la vida uno no puede tener certezas de nada. Yo creo que en el momento en que tengamos una certeza de algo, es ese momento, ¡uahhh!, desaparecemos, nos vamos a la nada.

Se oye una risa de ultratumba y el telón cae, cubriendo la escena de una sesión espiritista que ahora, por la hipersensibilidad de la mediúm, no se ve manera de que pueda seguir adelante, sin embargo, les incito a que hagan la suya buscando en su librero la palabra de las almas emplumadas que nunca nos dejarán del todo.

2 comentarios:

  1. Silvia, simplemente descomunal, categórico... que texto tan rico, tan de todo, tan café con leche y domingo soleado.

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  2. Entre los 13 los hay reconocibles y hasta amados por alguna de sus historias que habitan en mi librería;

    Los hay de lectura pendiente y alguno al que no conocía. Pero después de asistir a esta ingeniosa convocatoria espiritista de talentos e ironías ya me está apeteciendo conocerlos más a fondo.

    Muy bueno, Silvia.

    Un abrazo

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