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lunes, 30 de mayo de 2011

Entre la soledad y la nausea una dosis de humor

¡Meravigliosa storia¡ Me adentro a esta nueva aventura tras haber conocido anteriormente a un chico que nació en un barco y ese barco fue todo su mundo; ocho personajes que conviven en una posada para náufragos del alma, llamada Almayer; y a un hombre que trajo algo más que seda de la China de regreso a su hogar, esto, debo decirlo, gracias a que mi dilecto maestro Ricardo Orozco Castellanos me presentó a este FABULADOR (así con mayúsculas) italiano que ahora me hace seguir el rumbo diverso de una ciudad, yendo hacia delante y hacia atrás por bloques de tiempo, disfrutando del eclecticismo arquitectónico derivado de los particulares gustos de los habitantes de un complejo orden narrativo, uno de ellos es una chica, Shatzy Shell — nada que ver con la petrolera, Baricco dixit —, quien, finalmente, en la construcción de la urbe determinantemente babélica, siente la necesidad de ser la plaza, punto de encuentro de una familia (padre, madre, hijo) separada por los vericuetos mentales convertidos en freeways que imposibilitan la intersección del “otro” en el mismo nivel por falta de semáforos que conciban las pausas; esa falta de stops, aunada a los subways, destacan alteridades — Poomerang, Diesel, Larry Lawyer —, las cuales apuntalan un mundo interno . Sin embargo, Shatzy convoca en los márgenes de una metaliteratura de un western en un pueblo llamado Closingtown — con visos, hacia el final, de una novela-problema, en el que el tiempo es un asesino moroso —; Gould y su madre coincidirán sólo en el interés de un duelo que supone un cara a cara con un hado tramposo que marca las cartas. Pero además, Baricco, como Shatzy, nos da también elementos para congregarnos en el centro de la historia, optando por señalar vías alternas, como la que transita a través de la brillante teoría de Mondrian Kilroy — cuyos postulados fueron anotados en el anverso de un folleto de una “Sala de contacto”— y quien me recuerda en este punto que los hombres expresan ideas propias que no lo son, así que yo dejo esto hasta aquí para que si quieren expresen en unas líneas ideas como las que acabo de referir o, simplemente, disfruten como enanos de la ciudad que construyó Alessandro Baricco con una imaginación envidiable y mucha maestría para urdir una historia tal, de manera que parezca simple siendo todo lo contrario. Adoro su escritura y adoro que en el plano discursivo se sustente en el delirio para dar con verdades esquivas.

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