Datos personales

Mi foto
Ciudad de México, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

Xoxo

Entradas populares en los últimos 30 días

jueves, 6 de enero de 2011

Poneos de pie, hija mía


Fotogramas de El laberito del Fauno

El laberinto del Fauno (2006), del mexicano Guillermo del Toro, se desarrolla en 1944 en un pequeño pueblo español en el que se encuentra un destacamento cuya misión es terminar con la resistencia republicana. Ofelia, una niña de trece años, llega hasta el molino que sirve de cuartel, ya que su padrastro, capitán de la tropa franquista, quiere estar presente a la hora que su esposa, quien tiene un embarazo avanzado, dé a luz, pues asume que tendrán un niño y que éste deberá estar desde sus primeros días al lado del padre para que crezca, a su imagen y semejanza, machito y villano; sí, porque el castrense es un hombre cruel educado para infligir cualquier tipo de tormento a aquél que no siga a pie juntillas órdenes superiores. 
La salud de Carmen, la madre de la pequeña, es precaria, pero parece que el capitán Vidal sólo cuida de ella por el producto que lleva en su vientre, entonces, qué podemos esperar del trato que recibe Ofelia; él no siente ni un poco de simpatía por ella, así, ante un ambiente hostil, la niña se da a la fuga a través de sus lecturas maravillosas. Desde el camino se le aparece una especie de mantis que se torna un hada mensajera de un fauno y, pronto, descubrirá que en la inhóspita geografía que la circunda se halla un laberinto que es dominio de la fantástica criatura silvestre.


Igual que en El espíritu de la colmena, Ofelia realizara una búsqueda, pero su viaje iniciático, efectuado desde el umbral que marca los límites entre la niñez y la adolescencia, estará pautado por tres pruebas que tendrá que librar. Estás ordalías la enfrentarán también con la muerte, resultando ser su empresa una de esas victorias amargas que se ganan en espíritu y se pierden ante la árida perspectiva mundana.
El film es una reflexión sobre los poderes de facto, pero también un canto a esa libertad ganada con los sueños y la dignidad. Alrededor de la fantasía erigida por la pequeña, también vemos a hombres y mujeres a los que se les ha despojado la piel de la esperanza, muchos de ellos aparecen como cristos derrotados ante el impudor de la prepotencia, son hombres y mujeres crucificados por sus circunstancias, como el granjero y su hijo o la misma madre de Ofelia, o por sus convicciones, como Mercedes, Ofelia o el doctor, de quien vale decir que afianza la decencia humana al expresar con unas cuantas palabras su oposición al capitán y a todos los que como él se rigen por la vacuidad del porque sí.


El instante iluminado


El espíritu de la colmena (1973), es el primero de los tres largometrajes concebidos por un director que me resulta sumamente exquisito, tal vez por mi vena pictórica, Víctor Erice, quien con su trayectoria nos confirma que muchas veces es mejor sacrificar la cantidad de producción en aras de conseguir obras bien reposadas y con atmósferas cautivadoras que nos quedan en el recuerdo como una sensación que revela misterios cada vez que se evoca.
Vi de niña la peli y me produjo tal fascinación que no tengo la cuenta exacta de cuantas veces la he vuelto a ver. El argumento de ella se desarrolla a partir de una idea que le otorga el nombre: El espíritu de la colmena decide […] implacablemente, pero con discreción y como si estuviera sometido a algún gran deber de las riquezas, la felicidad, la libertad, la vida de todo un pueblo alado. Regula día a día el número de sus nacimientos y los pone en estricta relación con las flores que iluminan la campiña. Anuncia a la reina de su destronamiento o la necesidad de que parta, la obliga a dar la vida a sus rivales, cría previamente a éstas, las protege de la saña política de la madre, permite o prohíbe, según la generosidad de los cálices multicolores […]. Si se les hace conocido este argumento, será tal vez porque tuvieron la ocasión de leer La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck. Así es, Erice revela la inspiración que proviene de esta obra, pero también de otra que se introduce al tejido de su creación como “unidad poética”, un mito que provoca la celebración de un acto iniciático.
Cuando comienza la película nos situamos en 1940, en un pueblito de España en el que pocas cosas ocurren para que no ocurra algo peor; es decir, en el pueblo todos se comportan de acuerdo a lo que es “pertinente”, pero, entre los sucesos extraordinarios, llega el cinematógrafo ambulante anunciando una película que trata del Doctor Frankenstein, un hombre de ciencia que intentó crear un ser vivo sin pensar que eso sólo puede hacerlo Dios. Es una de las historias más extrañas que hemos oído. Trata de los grandes temas de la creación: la vida y la muerte1.
Entre los espectadores están dos pequeñas de siete y nueve años: Ana y su hermana mayor, Isabel; la segunda quiere disfrutar de esa promesa de terror que anuncia el espectáculo, Ana quiere entender algo más: ¿Porqué el monstruo mata a la niña y le matan luego a él? 
Tras esta función, la cría seguirá empeñada en que su pregunta halle una respuesta, así pues le dará por internarse en el campo, en un inicio guiada por su hermana y respondiendo al ritual inventado por la mente de la mayor, deseando tener un rastro de aquél que le pueda responder, es decir, anda por la pradera en pos del monstruo; un día, ya vagando por sí misma, cree que por fin se ha topado con él. Este supuesto engendro, es en realidad un detractor del régimen, ella se encontrará con este hombre en varias ocasiones mediando entre ellos un silencio cómplice, finalmente, acontece la hora en que, al ir a su encuentro, lo descubre muerto, entonces sabe que el monstruo debe ser otro y no para en su obsesión hasta que, una vez, durante una larga caminata, imagina verlo reflejado en un riachuelo. En casa sus padres angustiados emprenden la búsqueda de Ana, finalmente dan con ella, pero este encuentro no se compara con el que ha tenido la niña, quien verá su mundo transformado al responderse su pregunta sorteando el hecho de que al conseguir lo que persigue, ella misma se debe instalar frente a la muerte.

1 El cineasta inserta la versión de 1931 de Frankenstein realizada por James Whale y que tiene a Boris Karloff en el papel del monstruo y a Colin Clive como el doctor.

La niña y el monstruo


¿Cuándo fue la primera vez que escuché esa palabra? ¿Qué tan amorfa, qué tan oscura me habrá parecido? ¿Cuán grandes abriría mis ojos al tratar de aprehender cualquier explicación? 

Construir un ser desde el espanto celosamente infundido es echar a tierra la certeza de que todo es imaginable por la mente de un chiquillo; hay ojos que sobran, bocas que no encajan, cuerpos que sobrepasan todos los cuerpos conocidos. Ahí está el monstruo, en la reciedumbre del tronco del árbol, en la astucia de la negra araña, aquí y allá deja una pista para fraguarlo diverso, pues aquí y allá no muestra una igualdad identificable. 

Finalmente, llega el momento en que ese discernimiento irregular, excesivamente lato como para no esbozar arrepentimientos en su dibujo, adquiere la proporción de nuestro miedo, se vuelve adecuadamente exclusivo y mantiene un roce íntimo con nuestras inquietudes. ¡Ahí está él, mi monstruo!, dijo la niña enfebrecida, quien lo vio de frente cuando se plantó ante el espejo.



Les prometo meter estas dos guindas en mi cesta de celuloide cereza, lo cual viene bien, ya que, como se puede apreciar, no está muy llenita.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...