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Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

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sábado, 5 de febrero de 2011

Tengo una visión de oriente. Un severo caso de infatuación

El verdadero Shi Pei Pu

Infatuación. Del lat. infatuatĭo, -ōnis. Acción y efecto de infatuar.
Infatuar. Del lat. Infatuāre. Volver a alguien fatuo
Fatuo. Del lat. Fatŭus. (1) Falto de razón o de entendimiento.
(2) Lleno de presunción o vanidad infundada y ridícula

La palabra fatuo proviene de Fatŭus, acepción derivada del verbo latino fari (hablar, decir) el cual está emparentado con el vocablo griego femi (relativo a lo que se habla, lo dicho), pero también lo que se predice, por lo que su sentido se trasladó hasta referirse al fatum (hado), es decir, al destino.
Entonces, quien enunciaba el fatum, era llamado fatŭus, igualmente conocido como vate, pues tenía la capacidad de vaticinar. Si bien este personaje no tenía control alguno sobre sus augurios, se portaba jactancioso para combatir el escepticismo que pudiera mostrar alguien.
Colocando la verdad en la frontera entre lo real y lo posible, el Fatŭus la replicaba en el terreno de una situación preconcebida, creando exactamente lo que el poeta crea, la verosimilitud o, para darme mejor a entender, la veracidad de la ficción.
M Butterfly, puesta teatral

El idioma inglés incorpora la palabra infatuation para designar una actitud que la psicóloga Dorothy Tennov relacionó con una característica de un estado emocional muy parecido a la experiencia de quien dice estar “completamente enamorado” (having a crush), al cual denominó limerence (limerencia o cognitivo involuntario), este es propio del amor romántico en el que la obsesión por una persona es causada por una constante experiencia positiva derivada de la fantasía de estar con ella. En muchas ocasiones esta ilusión es causada por una tendencia personal del individuo de dejarse dominar por sus anhelos más profundos; así, aquel que ama, falto de razón y entendimiento, se ciega y sólo ve en el objeto depositario de su amor las cualidades que él mismo le ha inventado.

El caso Boursicot

En unas cuantas líneas les quiero referir un caso agudo de infatuación. En la década de los años sesenta, Bernard Boursicot, un joven empleado de la embajada de Francia en China, conoció a Shi Pei Pu, seis años mayor que él, quien solía dar clases de chino a los agregados de la embajada gala. Shi, decidido a enamorarlo, inventó el cuento de que en realidad era mujer, pero que había sido obligada por su padre a vivir como hombre; para Boursicot fue fácil caer en la red, pues estaba deslumbrado por la cultura que poseía Shi, quien tenía estudios en literatura y con apenas 17 años había llegado a ser cantante en la ópera de Pekín. Pronto, se convirtieron en amantes, ¡una locura! Sí, porque el francesito, como si se hallara bajo un encantamiento, creyó amar a una mujer y no a un hombre. Aunque, a sus 20 años, no tenía experiencia sexual previa, debió estar totalmente cegado como para que después de mantener una relación íntima siguiera pensando que Shi era del sexo opuesto. Shi explicó ciertas "anomalías", arguyendo que eran producto de las hormonas que había sido obligada a tomar. Su relación continuó no sé cómo hasta que, en 1965, Boursicot es transferido a otra oficina asiática del servicio exterior, pero, antes de dejar Pekin, Shi le informa que está esperando un hijo, el cual supuestamente nace en agosto del siguiente año, recibiendo el nombre de Shi Du Du, por lo que Boursicot buscó a toda costa que lo mandarán de nuevo a Pekín. No obstante que no logró esto, sí pudo conseguir un puesto como mecanógrafo en las oficinas de la diplomacia francesa en Ulan Bator. Estando a 36 horas de la capital de China, comenzó a realizar visitas a Shi, y, al mismo tiempo, a dar cierta clase de información a un par de amigos de ella. Para 1982 , Boursicot regresa a su país; en ese mismo año, Shi viaja a París gracias a una visa cultural. Cuando se descubre que están viviendo juntos, la Dirección de Vigilancia del Territorio del gobierno francés los empieza a investigar y encuentra evidencia que incrimina a ambos en un caso de espionaje. Shi dice no saber nada del asunto y confirma que, en cambio, Boursicot solía tener entrevistas con dos conocidos suyos, pero jura que ella se mantenía fuera de sus conversaciones. Después del juicio, los dos fueron sentenciados a purgar una condena no muy larga, debido a que la información revelada era de bajo grado de confidencialidad. Shi que se hacía pasar aún por mujer, fue descubierto y mandado a una prisión de hombres; al enterarse Boursicot fue objeto de burla por parte de sus compañeros de cárcel y quiso suicidarse sin tener éxito.
M Butterfly, la película

Este affaire inspiró el drama M. Butterfly, llevado al teatro en 1988 y, cinco años más tarde, al cine bajo la dirección de David Cronenberg, teniendo a Jeremy Irons en el papel de Rene Gallimard, un diplomático francés de alto rango enamorado de una exótica cantante de la opera de Pekín, Song Liling, quien en realidad es un espía chino; apasionado por ella (o sea, por él) le proporciona secretos de estado, finalmente es condenado y en prisión realiza un acto sublime, que en su caso sí fructifica. 

martes, 1 de febrero de 2011

Este mes tendré temas que desmantelan el amor y la amistad; comienzo con algo tentador

Fotograma de La tentazione del dottor Antonio de Federico Fellini


Y recordé antes de nacer
Que soy un tumulto de cuerpos,
Que dormí largo tiempo,
Que viví largo tiempo,
Y cuando me hice fruta
Supe
Lo
 Que
     Me
Esperaba.

Joumana Haddad



Escoja el término más acertado para definir tentación:

a) Despertar del deseo,
b) Consejo del demonio,
c) Pecado primordial
d) Objeto de deseo
e) Todo lo referido antes


Yo no sé claramente que es, pero sé que es cierto lo que argumentaba Oscar Wilde: La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

La tradición cristiana ha vuelto un crimen el rumiar una idea que cada vez que se piensa produce más fruición. Así, la imagen de una Eva más liberal provocó todo ese lío en el paraíso; y la sola noción de que una fruta causara antojo desató la ira de Dios contra un pobre reptil, a la que no le perdonó que hiciera notar a sus chicos las delicias que pendían de un árbol.
Tamara De Lempicka, Adán y Eva, 1932

Después de todo este embrollo, quedó en nuestro subconsciente un cúmulo de cosas que relacionamos con este concepto: la feminidad, el aroma y sabor de los frutos, la excitación que produce el color rojo, el cual, luego, los pintores de temas religiosos lo representaron como la seducción lustrosa de una redonda manzana, redonda como el placer, como los pechos, como los arbotantes del sexo masculino, como las bocas cuando manifiestan éxtasis, entonces la tentación también tiene la fórmula del área de la esfera: A = 4Лr2.
Salvador Dalí, Las tentaciones de San Antonio, óleo sobre tela, 1947

Con San Antonio, este asunto cobra dimensiones exageradas; retirándose a una cueva, según conviene el catolicismo, quería vencer las incitaciones mundanas, pero es imposible que esto sea real, ya que es en la soledad en donde asaltan más las ganas de perdernos en todas esas cosas facinerosas que atesora nuestra imaginación. Se corre el rumor que, en realidad, optó por la vida ascética para alejarse de la corrupción de la iglesia. El que sí no podía consigo mismo era el doctor Antonio, un hombre que se automedicaba altas dosis de moralina, pero, al fin y al cabo, enloquece con la imagen del espectacular en el que Anita Ekber publicita una marca de leche. Échenle un ojo a este cortometraje de Federico Fellini y luego vayan a jugar un poco con la tentación.

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