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sábado, 4 de junio de 2011

La ruleta todavía está girando


Otro ganador del Príncipe de Asturias (edición 2007) cumplió 70 años el 24 de mayo pasado; él es Robert Allen Zimmerman, quien decidió ser llamado familiarmente Bob, combinado con Dylan, en honor del vate que trazara el mapa del amor, señalando la isla de las dos espaldas en la línea del ecuador. De propia voz nos da a conocer algo de su vida incrustada en una historia que no logra aprender nada:
Yo nací en la primavera de 1941. La Segunda Guerra Mundial ya asolaba Europa, y Estados Unidos pronto intervendría en ella. El mundo estaba saltando en mil pedazos, y el caos recibía a los recién llegados con un puñetazo en la cara. Si estabas vivo, aunque hubieses nacido hacía poco, notabas en el ambiente que el viejo mundo estaba desapareciendo para ceder el paso al nuevo. Era como retrasar el reloj hasta el momento en que a. C. se convirtió en d. C. Todos los que nacimos por aquel entonces formábamos parte de ambos mundos. Hitler, Churchill, Mussolini, Stalin, Roosevelt, figuras imponentes que el mundo no volvería a dar, hombres que confiaban en su propia determinación, para bien o para mal, todos preparados para actuar a solas, sin buscar la aprobación de nadie, indiferentes a la riqueza y al amor, tenían en sus manos el destino de la humanidad y estaban reduciendo el mundo a cenizas. De la estirpe de Alejandro, Julio César, Gengis Kan, Carlomagno y Napoleón, se repartieron la tierra como una cena suculenta. Da igual si se peinaban con la raya en medio o iban tocados con casco vikingo; nadie se interpondría en su camino ni les plantaría cara: eran bárbaros despiadados que estaban asolando la tierra y perfilando el mapa a martillazos.
Mi padre contrajo la polio, lo que lo salvó de ir a la guerra, pero todos mis tíos fueron y regresaron con vida. El tío Paul, el tío Maurice, Jack, Max, Louis, Vernon y otros habían estado en Filipinas, Anzio, Sicilia, el norte de África, Francia y Bélgica. Al regresar, trajeron consigo recuerdos y souvenirs -una pitillera de paja y una bolsa del pan de Alemania, una taza esmaltada británica, unas gafas protectoras alemanas, un cuchillo de combate británico, una pistola Luger-, todo tipo de cachivaches. Y reanudaron su vida de civiles como ni nada hubiera pasado, sin decir una palabra sobre lo que hicieron o vieron (Crónicas, Vol.1, p.20).
¡Ah! pero él no olvidó la sombra áspera que extienden los soldados sobre cada minuto de la vida, y aunque de muy joven quiso entrar en West Point,luego diría:
Ustedes han lanzado el peor miedo
Miedo a traer niños al mundo
al amenazar a mi bebé
que aún no ha nacido ni tiene nombre
Ustedes no merecen ni la sangre
que corre por sus venas
Pero entre tanto miedo y absurdo, algo más pasa: A veces, intuyes que las cosas tienen que cambiar, que van a cambiar, pero únicamente lo sientes -como en la canción de Sam Cooke, Change Is Gonna Come-, sin saberlo con seguridad. Algunos detalles prefiguran lo que está por venir, pero uno no siempre los reconoce. Entonces, pasa algo inmediato que te proyecta a otro mundo, a lo desconocido, y lo entiendes instintivamente. Entonces eres libre. No necesitas hacer preguntas y ya te sabes la música. Cuando eso sucede, uno tiene la impresión de que ocurre deprisa, como un truco de magia, pero no es así. Uno no oye un estampido sordo que anuncia que el momento ya está aquí; uno no abre los ojos de repente y lo ve todo con absoluta nitidez. Se trata de un proceso más lento. Es como si hubieras estado trabajando a la luz del día y de pronto te percatas de que oscurece antes, independientemente de donde estés. Es como un reflejo. Alguien sostiene el espejo en alto y descorre el cerrojo: la puerta se abre de par en par y algo te empuja hacia el interior aunque tu cabeza esté en otro sitio. A veces se necesita la intervención de alguien especial para que te des cuenta (Crónicas, Vol.1, p. 42).
Vengan escritores y críticos
que profetizan con sus pluma
y mantengan sus ojos abiertos
la oportunidad no volverá a repetirse
y no hablen demasiado pronto
pues la ruleta todavía está girando
y todavía no ha dicho a quien
va a designar
pues el perdedor ahora
va luego a ganar
porque los tiempos están cambiando
Y con ese aliento, en el verano del 65, casi tres años antes de los eventos del 68 , inspirado en las composiciones de Robert Johnson, nos deja oír el rumor de Maggie, quien dice que muchos dicen, entre el blues de la nostalgia subterránea, que habrá redada y que es girada por orden del fiscal del distrito, así que cuidado chavales; pero, mejor, que tengan cuidado los otros, los que se expresan con la cachiporra y no con la razón, porque la voces conscientes de cuando en cuando despiertan. Yo me quedo aquí disfrutando todavía de Dylan y esperando bien despierta el próximo gran VERANO con todas sus letras crecidas, como debe ser, para ver el milagro de que la oportunidad vuelva a repetirse.

Torre de inspiración


Este 1 de junio se dio a conocer que Leonard Cohen fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011. Aunque muchos sólo conocen su música, este inspirado canadiense comenzó primero su carrera literaria, cuya labor en este ámbito ha producido los poemarios Flores para Hitler, Los hermosos vencidos, El especiero de la tierra y Comparemos mitologías, además de la novela El juego favorito.

Yo me he permitido traducir un poema dedicado a un gran pintor, Marc Chagall, en el volumen El especiero de la tierra
La danza, 1951


Fuera de la Tierra del Cielo

De la tierra del cielo
viene el sol cálido del Sabbath
hasta el especiero de la tierra.
La Reina hará de todo judío su amante.
Luciendo una capa de seda blanca
nuestro rabino baila por la calle,
Usando nuestro césped como un manto verde de orador,
Blandiendo casas como banderas de plata.
Detrás de él,  danzan sus alumnos,
con un baile menos excelso
y cantan la oración del rabino,
aunque no tan dulcemente.
Y aquella que le espera
en un trono al final de la calle
no es sino la reina del Sabbath .
Él baja las manos
sobre el especiero de la tierra,
y allí encuentra el sol fragante
como anillo de bodas,
e introduce el dedo de ella a través de la alianza.
Ahora, de vuelta por la calle se van,
Bailando de forma más excelsa que las banderas de plata.
Sus alumnos también
han encontrado en alguna parte esposas,
Y todos están cantando la canción del rabino
Y saltando alto en el aire perfumado.
¿Quién lo llama rabino?
Los caballos de arreo y los perros le llaman Maestro,
Y él les dice:
La Reina hace de cada judío su amante.
Y, reuniéndolo en sus verdes prados,
el pueblo lo llama Maestro,
Y se llena la boca con un buen pan
Y una canción feliz.



Los novios y la torre Eiffel, 1939

lunes, 30 de mayo de 2011

Entre la soledad y la nausea una dosis de humor

¡Meravigliosa storia¡ Me adentro a esta nueva aventura tras haber conocido anteriormente a un chico que nació en un barco y ese barco fue todo su mundo; ocho personajes que conviven en una posada para náufragos del alma, llamada Almayer; y a un hombre que trajo algo más que seda de la China de regreso a su hogar, esto, debo decirlo, gracias a que mi dilecto maestro Ricardo Orozco Castellanos me presentó a este FABULADOR (así con mayúsculas) italiano que ahora me hace seguir el rumbo diverso de una ciudad, yendo hacia delante y hacia atrás por bloques de tiempo, disfrutando del eclecticismo arquitectónico derivado de los particulares gustos de los habitantes de un complejo orden narrativo, uno de ellos es una chica, Shatzy Shell — nada que ver con la petrolera, Baricco dixit —, quien, finalmente, en la construcción de la urbe determinantemente babélica, siente la necesidad de ser la plaza, punto de encuentro de una familia (padre, madre, hijo) separada por los vericuetos mentales convertidos en freeways que imposibilitan la intersección del “otro” en el mismo nivel por falta de semáforos que conciban las pausas; esa falta de stops, aunada a los subways, destacan alteridades — Poomerang, Diesel, Larry Lawyer —, las cuales apuntalan un mundo interno . Sin embargo, Shatzy convoca en los márgenes de una metaliteratura de un western en un pueblo llamado Closingtown — con visos, hacia el final, de una novela-problema, en el que el tiempo es un asesino moroso —; Gould y su madre coincidirán sólo en el interés de un duelo que supone un cara a cara con un hado tramposo que marca las cartas. Pero además, Baricco, como Shatzy, nos da también elementos para congregarnos en el centro de la historia, optando por señalar vías alternas, como la que transita a través de la brillante teoría de Mondrian Kilroy — cuyos postulados fueron anotados en el anverso de un folleto de una “Sala de contacto”— y quien me recuerda en este punto que los hombres expresan ideas propias que no lo son, así que yo dejo esto hasta aquí para que si quieren expresen en unas líneas ideas como las que acabo de referir o, simplemente, disfruten como enanos de la ciudad que construyó Alessandro Baricco con una imaginación envidiable y mucha maestría para urdir una historia tal, de manera que parezca simple siendo todo lo contrario. Adoro su escritura y adoro que en el plano discursivo se sustente en el delirio para dar con verdades esquivas.
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