Datos personales

Mi foto
Ciudad de México, Mexico
roja como los sueños de los negros mirlos.

Algo me salió mal con Picasa y perdí todas las fotografías del blog. Ahora estoy recuperándolas, así que ténganme paciencia.

Xoxo

Entradas populares en los últimos 30 días

miércoles, 31 de agosto de 2011

No me sorprende la osadía de Coetzee, en cambio, me conmueve


Anterior a este libro de quien fue elegido como el autor del mes de agosto, únicamente había leído Desgracia, dicha novela, al igual que a la que ahora nos aproximamos, si bien densa, y deprimente para muchos, mantiene un disertación de la era poscolonial muy  valiente, el autor no tiene ningún reparo en sondear en lo más profundo del hombre partiendo de un entramado social plagado de prejuicios raciales para, de a poco, exponer lo que es inherente a todos, ese indómito instinto animal que se presenta con diferente cariz de acuerdo a un contexto determinado. Nosotros somos los que nos contenemos, los que nos ponemos normas, pero también,  dadas las circunstancias, somos los transgresores de los principios morales a los que nos apegamos; contravenimos las leyes de convivencia y luego se fomentan las pesadillas en un mundo en donde las carencias ahuecan la civilidad: Hay demasiada gente, y muy pocas cosas. Lo que existe ha de estar en circulación, de modo que todo el mundo tenga la ocasión de ser feliz al menos un día, de ahí parte una teoría a la que el personaje de Desgracia se aferra, igual que Coetzee y todo aquel que quiera subsistir  sin volverse loco en un entorno demudado ante la caída del orden; deberíamos creer que lo que nos vacía […] No es una maldad de origen humano, sino un vastísimo sistema circulatorio ante cuyo funcionamiento la piedad y el terror son de todo punto irrelevantes, así de esquemático tiene que ser nuestro discernimiento y así de pertinaz el discurso de  John Maxwell Coetzee, quien En medio de ninguna parte, su segunda novela, concebida en medio de la soflama del podrido apartheid, lo preconiza como la argumentación de su obra posterior.
La construcción textual de la novela recae un andamiaje formal cuyo pilar es el recurso de la metaficción que en un principio me dio a entender que contaba dos historias empalmadas en una misma secuencia narrativa; creí que los acontecimientos que cuenta Magda sobre su lacerada existencia eran la relatoría de una microhistoria que abriría paso hacia el recuento de la HISTORIA SUDAFRICANA, sin embargo, pronto me di cuenta que no era así, porque Magda no refiere su historia sino que crea una parábola de la terrible situación propiciada por el colonialismo, y vaya maestría con la que Coetzee logra hacer que su personaje nos arroje  un verdad importante e impotente con su capacidad de ficcionar. La frase shakespeareana de que la vida es una historia narrada por un idiota, que ya Faulkner utiliza para desarrollar el monólogo interior en voz de Benjy Compson, vuelve a tener potencia en el universo privado de una mujer embrutecida por la soledad; la lucidez que la vida diaria en un paramo le quita, es reencontrada en su escritura, una verdadera tabla de salvación ante esa orfandad tan terrible que sufre por desconocer el rostro de la madre que la parió y detestar el del padre que la deja a merced de todo y de todos en una tierra de nadie. Sin lugar a dudas, esta es la imagen que describe la falta de identidad de los hijos de los colonizadores enfrentados al proceso de la descolonización, hecho que también se muestra a través de Lucy, la hija violada del profesor Laurie en Desgracia. Con su deseo de matar al padre, Magda busca pagar una condena por toda la refinada crueldad que le fue heredada, pues quién es mejor de desatar el demonio de la heredad sino el miembro femenino del colonialismo, es la mujer blanca la que más vulnerable se halla en medio del territorio africano bajo el contexto de colonización y poscolonialización ; está ahí como presa del desprecio de su estirpe y como objeto de revancha de la población fustigada. El ejercicio llevado a cabo por Coetzee al construir  la psicología de Magda, debo decir, es encomiable, la manera como hace proliferar el pensamiento de ella  a partir de lo que encierra la condición sexual tiene pocos parangones. 
Podría decir mucho más, pero esta novela me deja, más que nada, muchas sensaciones y muchas inquietudes por resolver; hago eco de unas de sus líneas concluyentes, pues verdaderamente me ha cimbrado:
¿He llegado alguna vez a explicar o si acaso a entender qué he estado haciendo aquí, en una región que se encuentra fuera de la ley, en la que las barreras que nos protegen del incesto a menudo están derruidas, en la que pasamos los días envueltos en un asilvestrado torpor, yo, que a todas luces tenía las hechuras de una muchacha inteligente, que sin duda podría haber expiado mis deficiencias físicas aprendiendo a tocar con agilidad, con todos los dedos, el piano, que habría podido confeccionar un álbum entero lleno de sonetos [...]? Por desgracia, no tengo conocimiento de dicha literatura [...]Hay poemas, estoy segura, acerca del corazón que se duele por Vedore Vlatke, acerca de la melancolía del crepúsculo sobre los prados que cubren las amapolas, sobre las ovejas que comienzan a reunirse para guarecerse del frío incipiente en la noche, sobre el lejano molino de viento, el primer chirrido del primer grillo, los últimos trinos de los pájaros posados sobre los espinos, las piedras de la tapia que aún retienen el calor del sol, la lámpara de la cocina que luce sin titilar. Son poemas que yo misma podría haber escrito [Pero]… Estoy corrompida hasta el tuétano por la belleza de este mundo abandonado […] he pronunciado mi vida entera con mi propia voz (vaya un consuelo), he elegido en todo momento mi propio destino, que no es otro que morir aquí, en este jardín petrificado tras las cancelas y las puertas cerradas a cal y canto, cerca de los huesos de mi padre, en un espacio en el que resuenan los ecos de los himnos que podría haber escrito, pero que no escribí por creer que eran demasiado fáciles.
Seguramente, Coetzee, igual que Magda, podría haber escrito algo menos árido si no hubiese nacido en medio de ninguna parte.

domingo, 28 de agosto de 2011

Federico García Lorca: El sueño postergado de un viaje a la luna

 LUNA Maravilloso vidriero.
Breton y Eluard

Retorno a vislumbrar un viaje que el poeta alunado concibió hace 82 años para conmemorar, también con un poco de retraso, su 75 aniversario luctuoso cuya fecha exacta está en duda; algunos dicen que fue ejecutado el 16 de agosto, el mismo día de su detención, por ordenes del general Queipo de Llano, quien espetó: que le den café, mucho café, voz con la que se ordenaba dar muerte; otros, los más, suponen que esto sucedió unos días después, en las primeras horas del 19 en algún lugar del entrecruce carretero de Vizmar y Alfacar, tal vez en el barranco de Los Pozos en el que yacen muchos fusilados. Como sea que haya sido, yo aprovecho este espacio para revivirlo con esta obra inconclusa y de las menos conocidas del corpus lorquiano.
Viaje a la luna fue concebido por García Lorca como un guión cinematográfico que, al igual que Un poeta en Nueva York y la obra teatral El público, manifiesta la madurez de su arte enduendado, arte de la revelación de la realidad profunda transformada por la reacción emocional del discurso poético. Escrito durante la residencia neoyorquina, tuvo como propósito ser un ejercicio que estableciera un diálogo con el discurso visual, por lo que el autor granadino decidió darlo como obsequio al pintor mexicano Emilio Amero, interesado por aquel tiempo en incursionar en la producción cinematográfica. Los dos hicieron planes, proyectaron lo que la semilla de 72 imágenes poéticas podría llegar a ser en términos de una serie de fotogramas. Tras la tragedia del 36, Amero intentó realizar la película como un homenaje al vate, mas su intento se vio frustrado por echar en falta al genio creador, así que ante su inconformidad, decidió no editar la obra jamás, sumiendo en el olvido el valioso regalo.
Fue hasta 1963 que el texto sale a la luz gracias a Berenice G. Duncan, quien hace una traducción de un fragmento de una reproducción del manuscrito para un artículo que estaba realizando Richard Diers, el cual fue publicado en la revista Windmill, Núm. 5. Aunque esta era una versión incompleta, alentó a Marie Laffranque a reconstruir el guión, investigando aquí y allá hasta dar con la parte faltante que se hallaba en poder de la editorial estadounidense New directions, así en 1980 pudo alcanzar su meta. Sin embargo, pasarían nueve años más para que el legajo original, resguardado por la Universidad de Oklahoma, pudiera ser publicado. El ministerio de Cultura de España, al conocer el paradero de tan importante material, hizo la gestión pertinente para que pasara a manos de su Biblioteca Nacional, esto hizo posible que en 1995 el texto apareciera dentro de una edición crítica sobre la obra de García Lorca, preparada por Antonio Monegal y publicada por la casa valenciana Pre-textos.
Si bien, en 1993, el director español Ángel Gil Orrios realizó un cortometraje inspirado en el guión lorquiano que llevó el nombre A poet in New York (Trip to the moon), con el cual ganó el premio del San Francisco Poetry Film Festival, la idea de hacer un film conforme al texto original se cristalizó hasta dos años más tarde. Según tengo entendido, el cineasta Javier Martín Domínguez y el pintor y escenógrafo Frederic Amat, apoyados por la Fundación Lorca, se unieron para realizar el rodaje, pero parece que hubo discrepancias cuando Domínguez decidió dividir los 72 cuadros marcados por el autor en sólo 23 secuencias, mientras que Amat prefería concebir el film sin reducción.
El proyecto, que supuestamente debía estrenarse para la celebración del los cien años del natalicio de García Lorca, esto es, en 1998, abortó. A pesar de ello, ambos creadores siguieron por su parte con el propósito de llevar a la pantalla tan especial viaje y, en el año esperado, la industria fílmica española pudo contar con dos cintas para ser exhibidas en los festejos del natalicio de la ilustre figura de Fuente Vaqueros. La primera en ser desenlatada fue la del catalán Amat, su trabajo se registra más como una poesía visual que vislumbra lo expresado por el guión; por otro lado, la del segoviano  Domínguez, se aboca a producir una visión cinemática muy evolucionada, la cual, obviamente, dista de lo que el poeta granadino podría haber esperado de un recurso visual en desarrollo. A Domínguez le interesó traducir las metáforas del guión al lenguaje del cine actual, en tanto que Amat se preocupó por captar la esencia de ella, así logró hacer una película que fue tras una secuencia metafórica sin caer en una reconstrucción arqueológica. Las dos posturas son válidas, claro que por mi background me decanto más por la realización de Amat.
Dirección: Frederic Amat  
Fotografía: Tomás Pladevall  
Música: Pascal Comelade  
Colaboración: Cesc Gelabert  
Producción: Ovideo TV
Elenco: Daniel González, Georgina Vila









Dirección: Martin Dominguez
Fotografía: Javier Aguirresarobe  
Montaje: Yuke Ward 
Música: Juan Bardem
Producción: Miriam Mateos
Elenco: La Ribot, Marta Suárez,
Enrique Alcides, Antonio Valero


Frederic Amat conoció el guión de Viaje a la luna, primeramente, a través de la traducción inglesa cuando colaboró con Luis Pasqual en el montaje de El público en 1986 y parece que desde entonces hizo algunos dibujos para revelar el sentido de sus líneas, pero fue  a partir de la publicación de Pre-textos que empezó a crear un storyboard, el cual fue expuesto del 3 al 31 de mayo de 1998 en la Caja General de Ahorros de Granada.
Los invito a un viaje prolífico. Ya verán, de todos los símbolos lorquianos, la luna es el más vital y polivalente, el más arcano. No es la luna romántica, es la luna prelógica, mítica, fundamental; centro de la vida que contiene todos los valores posibles: Luna vida, Luna muerte, Luna lúbrica, Luna casta, Luna bella, Luna monstruosa devoradora. En 1929, la Luna que estaba sobre Nueva York fue alcanzada por el poeta que escaló su luz metálica al compás del tic-tac  de un Broadway sacudido por la contradicción, desde ahí el mundo fue apreciado con una lógica distinta que engendrará una pintura gestual nacida de la palabra muda, recuerdo de un tiempo en el que el celuloide no tenía registro de la voz del hombre. De la herida de Selene, supura el hombre de las venas pintadas y con él emanan también el arlequín, el luto, la madre, un niño, Elena, la adolescencia, la sexualidad, la frustración, la amenaza la duda y la náusea.
Viaje a la luna
Igualmente, les muestro algo de la producción de Viaje a la luna de Frederic Amat y un video en el que se nos revela su proceso de creación.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...