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sábado, 10 de marzo de 2012

Tenemos ese malestar, doctor

Anne (HarveySexton

El miedo y la traición a nosotras mismas, así como la terrible decepción enmarcan la neurosis femenina; siempre seremos alguien que no somos, nunca seremos aquella del espejo, así que rompámoslo ya y dejemos de tratar de agradar a papi. Lo siento, lo siento tanto.
Wastedcherry


"Usted, Doctor Martin"

Anne Sexton

Usted, Doctor Martin, deambula
del desayuno a la locura. Agosto pasado
me deslicé por el túnel antiséptico
donde los muertos vivos aún hablan
de contraponer sus huesos al empuje
de la cura. Y soy reina de este hotel veraniego
o la abeja risueña sobre el tallo

de la muerte. hacemos filas rotas,
y aguardamos a que quiten los cerrojos
de las puertas y nos cuenten en la gélida entrada
del comedor. La contraseña es dada
avanzamos hacia los aderezos con nuestras batitas
de recreo. Masticamos en hileras, nuestros platos
rasgan y chirrian como gis

En la escuela. No hay cuchillos
para cortarse la garganta. Elaboro
mocasines toda la mañana. Al principio mis manos
se mantuvieron vacías, desmadejadas para la vida
que las hacía trabajar. Ahora aprendo a retomarlas,
cada dedo furioso exige
que remiende lo que otro romperá

mañana. Sí, por supuesto, lo amo;
inclinado sobre este cielo de plástico, dios
de nuestra sala, príncipe de todos los zorras.
Nuevas son las coronas rotas
que llevaba Juan. Su tercer ojo se mueve
entre nosotras iluminando los privados
donde dormimos o lloramos.

Qué niñas grandes somos
aquí. Por doquier crezco
en la mejor sala. Su negocio es la gente,
la convoca al manicomio, un ojo
oracular en nuestro nido. Afuera en el vestíbulo
los altavoces lo vocean. Se retuerce para salir del jaleo
de los niños astutos que caen

como flujos de vida en la escarcha.
Y nosotras somos magia que habla consigo misma,
ruidosas y solas. Soy reina de todos mis pecados
olvidados. ¿Sigo perdida?
Una vez fui bella. Ahora soy yo misma,
contando esta y esa hilera de mocasines
que esperan en el estante silencioso.

(la traducción es mía)

You, Doctor Martin

You, Doctor Martin, walk
from breakfast to madness. Late August,
I speed through the antiseptic tunnel
where the moving dead still talk
of pushing their bones against the thrust
of cure. And I am queen of this summer hotel
or the laughing bee on a stalk

of death. We stand in broken
lines and wait while they unlock
the doors and count us at the frozen gates
of dinner. The shibboleth is spoken
and we move to gravy in our smock
of smiles. We chew in rows, our plates
scratch and whine like chalk

in school. There are no knives
for cutting your throat. I make
moccasins all morning. At first my hands
kept empty, unraveled for the lives
they used to work. Now I learn to take
them back, each angry finger that demands
I mend what another will break

tomorrow. Of course, I love you;
you lean above the plastic sky,
god of our block, prince of all the foxes.
The breaking crowns are new
that Jack wore.
Your third eye
moves among us and lights the separate boxes
where we sleep or cry.

What large children we are
here. All over I grow most tall
in the best ward. Your business is people,
you call at the madhouse, an oracular
eye in our nest. Out in the hall
the intercom pages you. You twist in the pull
of the foxy children who fall

like floods of life in frost.
And we are magic talking to itself,
noisy and alone. I am queen of all my sins
forgotten. Am I still lost?
Once I was beautiful. Now I am myself,
counting this row and that row of moccasins
waiting on the silent shelf.

2 comentarios:

  1. Bueno, ya Freud se enfrentó al "problema" de la mujer, pero nunca pudo resolverlo bien. ¿Quién podría?
    Un gran cariño y perdón porque no pueda pasar tan seguido como me gustaría.
    HD

    ResponderEliminar
  2. No conocía a Anne Sexton y desde que leí tu entrada con ese poema me puse por ahí a indagar sobre esta mujer. Y, claro, es fascinante.

    Anne Sexton debía sentir un gran desasosiego provocado por la distancia abismal entre lo que deseaba y su vida.

    ¿Qué mujer no se ha sentido alguna vez así?

    Aunque no me obsesiona la muerte he conectado con su humor negro y con su inteligente ironía.

    Un placer picar en esta cesta de cerezas, Silvia.

    Un abrazo,

    ResponderEliminar

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