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miércoles, 25 de abril de 2012

El duelo de Sant Jordi: La sombra de Drácula contra los espectros de Dickens



El pasado 20 de abril se cumplió el centenario del fallecimiento de Bram Stoker, escritor irlandés nacido el 8 de noviembre de 1847 en la ciudad de Dublín, quien alcanzó renombre mundial con su sexta obra de ficción en la que creó a uno de los personajes paradigmáticos de la literatura de horror. Por ello, como parte de la celebración del Día Internacional del Libro, en México, la FIL Guadalajara y el Ayuntamiento del Estado de Jalisco organizaron la maratón de lectura de Drácula en la llamada Rambla Cataluña de la “Perla tapatía” (Juárez y Escorza) y en más de cien sedes espejo entre locales y de otros estados de la república, iniciando el primer capítulo con la súper zombi participación de Antonio Ortuño.
En sus diez anteriores ediciones, el festejo sumó las voces de lectores en Aguascalientes, Chihuahua, Colima, Ciudad de México, Guanajuato, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas. Sin embargo, este año, en la capital aguascalentense, igual que en el DF, la lectura de Sant Jordi se brindó en honor a Charles Dickens por los doscientos años de su natalicio, lo que generó mi displicencia, ya que yo había votado por el dublinés en la convocatoria que muy en su momento Marta Ibarra, coordinadora general de eventos de la FIL, puso a circular. Y no es que no se deba elogiar el gran talento de Dickens para estructurar sus obras en un vaivén de emociones que bien ha sabido aprovechar la BBC para la realización de series, sino porque yo siento cierto resabio por el patético moralismo del corpus dickensoniano que gustaba tanto a las monjas del cole, ya que lo juzgaban muy bueno para nuestra educación espiritual.
De cualquier forma, aprovecho mi espacio para realizar otro tipo de lectura —just a glimpse in search of Dracula’s core—, más ad hoc al post. Lo que trato de poner en el microscopio es el Bacilo de Stoker, para reiterar el cómo es que éste, desde hace 115 años, nos inocula fuertes dosis de horror.
Sin lugar a dudas, Drácula es un libro tan insalvable que ha hecho palidecer hasta a la propia escritura de su creador. La madre de Stoker, escritora diletante, dijo todo con estas palabras: Ningún libro desde Frankenstein de la señora Shelley, y de hecho ningún otro aparte del mencionado, se le ha acercado al tuyo en originalidad, o terror(1). Pero es necesario identificar varias influencias vitales para la creación de esta obra, ¿a caso sus lectores podríamos soslayar el relato del también irlandés Sheridan Le Fanu, Carmilla
Carmilla, escena del funeral, grabado en metal de Michael  Fitzgerald  
Pero, más allá de lo literario, textos de distinta índole sirven también de fundamento. En la entrevista “Mr.Bram Stoker. A Chat with the Author of Dracula” realizada por Jane Stoddard para el British Weekly, el escritor declara que:
  […] el conocimiento de las supersticiones de vampiros que aparecen en "Drácula" fue recogida de una gran cantidad de lecturas diversas. […] Ningún libro que yo sepa puede ofrecer todos los hechos. He aprendido mucho de E. Gerard 'Ensayos sobre supersticiones rumana', que apareció por primera vez en El siglo XIX, y fueron publicados posteriormente en un par de volúmenes. También aprendí algo del Sr. Baring-Gould sobre ‘hombres lobos’. El señor Gould ha prometido un libro sobre vampiros, pero no sé si ha hecho algún progreso en esta labor. "
En la misma entrevista, Stoddard inquiere sobre el origen de la leyenda vampírica, sobre ella Stoker comenta:
"Se apoyaba, me imagino, en algún caso como el que sigue. Una persona pudo haber caído en un trance semejante a la muerte y fue enterrado antes de la hora. Después, el cuerpo pudo haber sido desenterrado y encontrado con vida, y, a partir de ello, el horror se apoderó de la gente, y en su ignorancia se imaginaron que se trataba de un vampiro. Cuanto más histéricos, por exceso de miedo, podrían caer en trances de la misma manera, y así creció la historia de que un vampiro puede esclavizar a muchos otros y hacerlos sus semejantes.
[…] En ciertas partes de Estiria [la creencia] ha sobrevivido más tiempo y con mayor intensidad, pero la leyenda es común a muchos países; China, Islandia, Alemania, Sajonia, Turquía, el Quersoneso, Rusia, Polonia, Italia, Francia, e Inglaterra, además de todas las comunidades tártaras”(2).
Ciertamente, otras características asumidas por la literatura sobre vampiros se arraigan a través de la obra del antes citado Le Fanu, por ejemplo, la idea de que un suicida, bajo ciertas circunstancias, se convierte en vampiro o, del mismo modo, aquellos a quienes se les presenta un espíritu durante su sueño que les va socavando su voluntad, ideas, a su vez, arrancadas directamente de leyendas balcánicas.
Sin embargo, ¿cómo es que se construye la figura vampírica tal como una criatura que no existía en esas tierras? El ser extraordinario capaz de hipnotizar a un humano y beberle su sangre hasta dejarlo seco era identificado en tiempos remotos como una especie de lobo o bien como un ser volador nominado Deag-Duc o Lleanh aum-shee en Irlanda; Eretica o Vlokostak en Rusia; Gierach en Prusia; Ustrel en Bulgaria; Dhamphir en Servia y Muroni en Valaquia; siendo conocido también en el folclor rumano como strigoii; ente que sale de las tumbas en forma de insecto, pequeño mamífero o partículas de luz y que es el séptimo hijo de una sacerdotisa moraica o el séptimo hijo de un séptimo hijo. La cuestión es que a este ser fenomenal no se le comienza a llamar vampiro sino hasta principios del siglo XVIII cuando la figura mitológica que prevalece en Transilvania se le describe guardando parecido con la especie del marsupial volador americano desmodus rotundus, el cual se asemeja a un dios de los mongoles tibetanos que pudo ser adoptado por los pueblos asiáticos magiares y székelis que migraron a Rumania en grandes cantidades.
La vivida imaginación de dichos pueblos dio aliento a las historias de estos seres extraordinarios, las cuales se mezclaron con otras acerca de personajes reales conocidos por su carácter sanguinario. Así, los rumores relacionados con la oscura personalidad de Erzsébet Báthory se traslucen en la creación de Carmilla; y los referentes al príncipe Vlad Draculea el "Empalador", en el personaje del conde Drácula.
Xilografía coloreada aparecida en los panfletos publicados por  Ambrosius  Huber, circa 1499  en Nuremberg
La mezcla del horror producido por el recuento de las acciones en las que la impiedad del príncipe de Valaquia concluía en una verdadera orgía de sangre y el terror motivado por sucesos raros y desafortunados que terminaban siendo imputados a seres sobrenaturales se convirtieron en la fórmula con la que Stoker logró crear un ambiente en el que su lector pasa de la excitación producida por un acto violento a la ansiedad psicológica causada por la presencia de aquello que no puede prefigurar ni predecir debido a su carácter innatural y sin fundamento. La cualidad de Drácula es que aun cuando envuelve el acto sangriento (es gory; es la esencia del gore) sobrepasa el pavor gráfico gracias a la extensión de una crisis que genera una pesadilla profusa en simbolismos.
Erzsébet Báthory por Istvan Csok, óleo, 1893   
Para dotar de más complejidad a la novela, Stoker decidió construir su narración con base en entradas del diario de Jonathan Harker y cartas personales a las que se les trasponen cartas comerciales y notas de periódicos, así como las grabaciones fonográficas del doctor Seward, rompiendo con el canon de su época cuando anula al narrador omnisciente y favorece una narración polifónica; no hay un punto de vista sino una multiplicidad de ideas emanadas de mentes distintas que subraya el desconcierto general. El que uno se mantenga línea tras línea en la lectura de esta lenta novela, no es tanto por la aparición del siniestro Drácula, sino por la constante sombra de éste; su presencia es escasa, su eco es prolongado.
Ocho días antes de la publicación de Drácula, con las pruebas de galera en mano, Stoker montó una versión teatral conformada por un prólogo y cuarenta y siete escenas comprendidas en cinco actos, anunciándose como Drácula o el no muerto (Dracula or the un-dead). Si bien en las tablas inició la leyenda de este celebérrima obra, ha sido la industria del cine la que desde el siglo XX encontró en su trama una veta que ha sobreexplotado. De forma desafortunada, muchas adaptaciones o reformulaciones del texto se han centrado en una violencia explícita que mata el terror o vulgarmente tergiversan  el trasfondo que conecta con el deseo, las carencias y las patologías que anidan en el alma, llegando, incluso, a conformar un repertorio de lo kitsch; en cambio, pocas son las que han aportando un particular punto de vista, como si un nuevo personaje se sumara a las voces existentes, como sería el caso de Nosferatu, en sus dos versiones; la de 1922 de Wilhelm Murnau (Symphonie des Grauens) con Max Schreck en el papel protagónico y la de Werner Herzog (Phantom der Nacht), homenaje a Murnau,  con la actuación de Klaus Kinski, ambas, mis favoritas, junto con otra en tono satírico: Le Bal des Vampires de Roman Polanski, pero esto ya da un tema que venga después a formar parte de "Celuloide cereza".
La proximidad de la celebración del libro y de la rosa me dio la oportunidad de releer una obra a la cual me acerqué por primera vez en mi adolescencia buscando el sobresalto; lecturas posteriores me han dejado un plus, el gusto de encontrar aspectos interesantes en el oficio de un escritor que se arriesgó a realizar experimentos tanto conceptuales como formales, tomando ventaja de la lentitud narrativa, morosidad que suele sabotear la contundencia, para jugar con los demonios personales del lector. 

(1) Carta a Bram Stoker, cit.pos., Raymond T. Mc Nally y Radu Florescu en In search of Dracula, Estados Unidos, Houghton Mifflin Company, p.222 (bibliografía anotada), 1994
(2) Lorna [Jane Stoddard], British Weekly, 1 de julio de 1897, cit.pos. Dracula, Glennis Byron (ed.), pp. 484-488.

1 comentario:

  1. Tengo que reconocer que no he leído completa ninguna obra sobre vampiros o dráculas y que toda lo que reconozco de estos personajes se debe al cine. Aunque sí he leído fragmentos de la obra de Stoker.

    Pero mi personaje favorito, que me produce mucha ternura, nunca he sido miedosa, es Frankenstein, quizá por mi aversión a la visión de las sangre, Drácula no me ha atraído nunca.

    Ahora, después de leer tu excelente post, quizá me anime con la novela completa.

    Y Dickens me hacía llorar siempre, quizá porque me sentía identificada con sus niños abandonados y miserables. Hace mucho que no releo nada de él. No sé si ahora me produciría el mismo efecto.

    Un abrazo, Silvia,

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