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jueves, 21 de junio de 2012

Edie Sedgwick:De la Factory al inframundo

¿Quieres escuchar algo que escribí sobre el horror de la velocidad? Bueno, tal vez no, sólo los casi incomunicables tormentos de la velocidad, buzzerama; de esa acrílica excitación, horrorosa, con ecos tiroleses y repetitivos de una infinidad tan brutalmente desgarradora que las palabras no pueden capturar tal devastación ni el tono de una pesadilla viciosa. Sí, incluso estoy volviéndome paranoica, lo que es un viaje para mí. Realmente no lo comprendo, pero allí está.
  Edie Sedgwick
Silvia Teresa Flota Reyes, "La Dama y la Muerte" collage digital

La exposición De la Factory al mundo que se presenta hasta el 22 de julio como parte del festival de PHotoEspaña me dio pie para confeccionar esta entrada. La comisaria de la muestra, Catherine Zuromskis, nos presenta una interesante curaduría documental a través de archivos fotográficos de grandes lentes (Richard Avedon, Cecil Beaton, Christopher Makos, Billy Name, Nat Finkelstein, Stephen Shore, así como Brigid Berlin, y el propio Warhol) para mostrar el lado brillante de The Factory, es decir el lado productivo de la vida bohemia que se llevaba a cabo en el espacio warholiano.

No debemos dudar que a Andy debemos la consumación del anhelo dada: “la desacralización del arte” y, mediante sus métodos, la proliferación y vindicación del arte múltiple, un arte democrático, crítico, terrenal y con el plus de lo lúdico, sin embargo, oscura como soy, quiero dar vuelta a the sunny side de la primera factoría y recordar el Subterranean Homesick Blues que por ahí se cantó. Podría hablar de Nico, de Lou, de Candy Darling y, desde la acera de enfrente (the wilde side), de Valerie Solanas, pero para muestra del infiernito basta sólo un botón y ese botón es Edie Sedgwick, la chica que aparece usando el único teléfono de la Fábrica en la ya icónica fotografía atribuida a Stephen Shore.
Edie nació en Santa Bárbara, California en el seno de una familia adinerada. Luego de recibir su educación básica y media de forma privada —en una escuela que construyó su padre en el propio rancho familiar—, en 1964, marchó a Cambridge, ahí entabló convivencia con el pomposo grupo de Harvard, universidad de la que se había graduado Chuck Wein, el joven que acordó ser su representante y la llevó a Manhattan; él fue, de hecho, el que logró presentarla a Warhol durante una fiesta en el apartamento del productor Lester Persky en enero de 1965; el mismo enero en que Lou Reed y John Cale formaron The Warlocks (más tarde llamados Falling Spikes, el proto Velvet Underground).
Atraído por la personalidad vibrante de esa chica que desde hacía unos cuantos meses aparecía reiteradamente en revistas de moda y de la vida social, el dios del arte pop accedió hacerle uno de sus screen test. ¡Qué creen! No sólo la modesta cámara de filmación la adoró, también la máquina de fotomatón; Edie hizo lo que quiso con estos artilugios y los artilugios hicieron lo que quisieron con ella… y Andy, ¡qué les digo de Andy!
Edie comienza a experimentar la vida bohemia de la Fabrica en marzo de ese año, pasando inmediatamente a formar parte del círculo cercano de Warhol, lo que hace posible su modesta participación en la cinta Horse, cuyo guión escénico fue creado por Ronald Tavel, compartiendo set con Larry Latreille, Gregory Battcock, Daniel Cassidy, Jr. y un silencioso Warhol. Un mes después, Sedgwick y Wein acompañaron al artista a París para estar presentes en la inauguración de su exposición individual en la galería de Ileana Sonnabend, Flowers. A su retorno, Warhol le da instrucciones a Tavel para que convierta a Edie en la reina de The Silver Factory. A su regreso, Edie trabajo en Vinyl —primera adaptación de A Clockwork Orange (Naranja Mecánica) de Anthony Burgess— En cosa de medio año la chica hizo nada menos que 11 películas, pero antes de realizar Chelsea Girls, su filme final con el staff de la Fabrica, las cosas entre Warhol y ella se habían tornado tensas; durante el rodaje de su penúltima cinta, Lupe —acerca de Lupe Vélez—, esto ya era evidente. A Edie le quedaron la ganas de realiza una cita con el ingenio de Warhol, le dijo a la vida:
Amo a Alice in Wonderland, creo que es algo que podría hacerlo muy bien. ¿No crees que deberíamos hacer un A.W.? ¿A.W. 's Alice in Wonderland? Andy Warhol Alice in Wonderland? A.W. es sinónimo de muchas cosas.
Cuentan las malas lenguas que las relaciones se pusieron ríspidas a partir de que Edie comenzó a deambular entre la séptima y octava avenidas en donde frecuentaba a personalidades acuarteladas en el Chelsea Hotel. Se dice que Albert Grossman —manager de Bob Dylan de 1962 a 1970— le ofreció un contrato para filmar a lado de la figura del folk —realmente hay una copia de un papelito con rúbricas por ahí circulando—, era un secreto a voces que varios productores querían que Dylan protagonizara una película. También se dice que Dylan le dijo a Edie que tenía que alejarse de Warhol porque ser parte de su gente atraía mala publicidad, pero esto sólo queda registrado a manera de chismógrafo.
Lo cierto es que a Dylan le agradaba Edie y creía que la vida en La Fábrica no era buena para ella. Para ese entonces ya estaba muy intoxicada y era adicta a la metedrina inyectable, droga que produce gran energía y exaltación, pero también insomnio y en algunos casos, como el de ella, profunda depresión si se deja de suministrar, la cuestión era que esta porquería se consumía como chicles entre el círculo de Warhol, aunque él siempre se zafó de cualquier asunto que lo ligara a la adicción de sus cuates.
Cada vez que tuvo oportunidad, Warhol expresó que en el caso particular de Edie, su adicción se había generado en los consultorios psiquiátricos en los que los discípulos de Albert Hofmann volvían adictas por prescripción médica a las pobres niñas ricas. También, es conocido el historial de padecimientos psiquiátricos que la familia Sedgwick sufrió por generaciones. En la página Warholstars.org encontrarán detalles de esto: su tatara tatara abuela, Pamela Dwight, en edad mediana, perdió toda la cordura; su padre, Francis Sedgwick, estuvo internado en el Centro Austen Riggs en donde se le diagnosticó manía depresiva severa, lo cual no es tan grave a comparación de lo que otras fuentes sugieren, es decir, que practicó la pederastia con su propia hija, (espero que no sea verdad); sus hermanos, Bobby y Minty también fueron recluidos varias veces en instituciones psiquiátricas, ambos murieron a temprana edad: Bobby a los 32 años, en enero de 1965, tras el trauma sufrido por estrellar su motocicleta contra un autobús; Minty fue encontrado ahorcado en un cuarto del hospital Silver Hill un día antes de su cumpleaños 26, era homosexual y alcohólico; su padre lo despreciaba por ello. Por su parte, Edie fue internada igualmente en Silver Hill en 1962 por padecer anorexia, al llegar a pesar 40 kilos (era una joven alta) fue transferida al centro Bloomingdale, lugar en el que además se le practicó un aborto.
No obstante sus antecedentes, digamos que la plateada fábrica de Warhol no era el lugar mas propio para que Edie cohabitara y llevara una vida más sana, ahí, del mismo modo, se consumía en grandes dosis obetrol, un tipo de anfetamina usado para combatir la obesidad mórbida (y creo que en el círculo de Andy no había alguien en tal situación). No quiero imputar culpas, pero creo que de cualquier forma no se debe alentar o simplemente dejar que alguien emocionalmente inestable se ponga a hacer actos de funambulismo ¿no? ¿Dónde está el sentimiento de empatía, la afabilidad que nos permita darnos cuenta y hacer algo cuando una persona se derrumba? Cuando ya no hay nada por hacer, entonces sólo decimos pobre fulanita o pobre sutanito, derramamos una lagrimita y, como la ocasión lo amerita, estrenamos un traje negro.
En 2006 se estrenó el filme Factory Girl (Fábrica de sueños), basado en el libro de Nat Finkelstein y David Dalton, después de una batalla legal interpuesta por Bob Dylan, quien creyó que con esa cinta se le laceraba moralmente; he tenido la oportunidad de verla varias veces (la tengo en DVD) y no me parece que Dylan salga mal librado de ella, yo creería que al que se le hace pasar derramando mala leche es a Warhol. Esta cinta termina haciendo sólo conjeturas como todos los que nos interesamos por la vida de la Sedgwick al hilvanar los comentarios de la gente que vivió junto a ella esos locos años de la segunda mitad de los sesenta; el libro no lo he leído, pero parece que la fotografía es lo que en verdad vale la pena de él .
Sabemos cosas de oídas —de aventis, diría Juan Marsé—; que si Warhol le enterró el puntillazo a la chica un día a principios de 1966 en el restaurante Ginger Man cuando, por despecho, le dijo: ¿Sabías Edie, que Bob Dylan se casó?; o que si las clásicas canciones del Blonde on Blonde “Just like a woman” y "Leopard-Skin Pill-Box Hat" las escribió Dylan inspirado por la figura de Edie. Lo que muchos creemos es que Dylan en verdad pensaba que Edie no podía ser bendecida sino hasta que ella viera que era como todos los demás. Con su niebla, sus afetaminas y sus perlas, creía aguantar como una mujer, y sufrir como una mujer, pero se derrumbó como una niñita.
Silvia Teresa Flota Reyes, "Detrás de Elvis (El duelo Dylan-Warhol) obra digital

Dicen que Edie no regresó a la Fabrica después del incidente en el Ginger Man, simplemente ese día fue a hacer una llamada telefónica, Gerard Malanga cree que llamó a Dylan y recuerda que cuando dejó el lugar el ambiente se torno dramático. Más adelante se comunicaría con Warhol para pedirle que borrara las escenas de ella de todas las películas en las que había participado; Warhol, atendiendo en la medida de lo posible la petición de Edie, reeditó The chelsea Girls remplazando su rostro por el de Nico y usando unos efectos de destellos de colores.
Así se dio el ascenso y caída en tan sólo un año de la niña que actuaba como mujer -Warhol no fue tan malo, le alargó sus 15 minutos de fama, llevándola mas allá del screen test- y del delirio que produce la velocidad, “buzzerama”, lo llamaría ella.
En el documental sobre Edie Ciao! Manhattan, producido por Robert Margouleff, ella asegura que: "en realidad Warhol jodió la vida de muchísima gente, gente joven" y también dice que sus contactos con la droga se iniciaron en la Factory. Textualmente comenta:"Me gustó mi introducción a la droga. Yo era muy buen blanco, me convertí en una joven y saludable adicta". Dylan, de la misma manera cree (o creía) en esto; Warhol se ponía paranoico cada vez que alguien le traía a colación el cuento de que el ídolo del folk-rock lo despreciaba y que había cambiado por un sofá el Elvis plateado que él le regaló cuando el músico hizo su screen test o bien, el rumor de que usaba la obra como tablero de dardos, además de tener que soportar el run run de que él era la fuente de inspiración de Like a Rolling Stone.
Fuera de la Factory, Edie no obtuvo muchas propuestas laborales; una portada en Vogue (marzo de 1966) y no más. Como actriz tampoco consiguió algo, audicionó para The Deer Park, pero el autor Norman Mailer la consideró poco apropiada para el papel, ya que no podía zafarse del que llevaba a cabo en su propia vida. 
Finalmente, el 16 de noviembre de 1971 se extinguió la vida de la Sedgwick, Michael Post, con quien contrajo matrimonio en julio de ese mismo año, no pudo despertarla esa mañana, ella murió a las 7:30 y la causa del deceso fue registrada como suicidio involuntario por sobredodis de barbitúricos.

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1 comentario:

  1. Sin los niños y niñas de papá "las Vanguardias" no hubieran existido, ni la literatura ni el arte. Hay que tener, además de habitación propia, una asignación para poder dedicar todo tu tiempo a ser original, genial, chic, extravagante, intensa...

    Creo que Edie fue una muñeca rota, que huía de sí misma, tal vez, de sus recuerdos de niñez...

    Sea como sea, es una de esas vidas que te enganchan.

    Te quedaron de cine los trabajos que has hecho para este post, Silvia. Geniales.

    Un abrazo,

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